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09 octubre 2026

Refutando la falsa "Ley de la Atracción"


Varios influencers que se creen "coach de vida" repiten una misma patraña: "Sintoniza tu frecuencia energética, pide al Universo y la riqueza, la salud o el éxito se materializarán solos”. Pero eso es falso. No le interesas al Universo. Eso es tan “funcional” como rezar o hacer oración.

Detrás del lenguaje místico y los conceptos, mal copiados y tergiversados, de ciencia y física cuántica, no hay ninguna “ley universal”, sino sofismas y sesgos cognitivos bien documentados, y un modelo de negocio sumamente lucrativo para muchos.

Por ejemplo, el término "vibración alineada" que varios utilizan carece de sustento objetivo. La física define la energía como la capacidad de realizar un trabajo o producir cambios en los cuerpos, no como una corriente moral o emocional que responde a deseos individuales. Esos “motivadores” cometen un rapto de la ciencia para corromperla y crear charlatanería cuántica.

Distintos divulgadores científicos han señalado reiteradamente que los estados electromagnéticos del cerebro no interactúan con la materia a distancia para modelar circunstancias socioeconómicas. Ningún experimento real bajo el lente del método científico ha registrado que el pensamiento, la concentración o la meditación, altere las leyes fundamentales de la termodinámica o la gravedad para atraer objetos físicos.

La meditación y la concentración tienen efectos biológicos y psicológicos reales y comprobados como reducción del estrés, cambios en la plasticidad cerebral, y regulación del ritmo cardíaco, pero todos estos efectos ocurren únicamente dentro del propio cuerpo del individuo, no pueden afectar el exterior.

La ilusión de que la "atracción" funciona reposa sobre fallas sistemáticas en el procesamiento de la información de la mente humana. El cerebro humano tiende a recordar las coincidencias que respaldan una creencia y a desestimar a la mayoría de casos en los que el deseo no tuvo ningún resultado, eso es Sesgo de Confirmación. Si alguien “visualiza una flor” y al día siguiente ve una en la calle, atribuye el hecho a la "atracción", ignorando que las flores de ese color siempre han estado en esa ruta sin ser observadas.

Los influencers que afirman haber "atraído" su fortuna ocultan las variables reales de su éxito, que son contar con un considerable capital inicial, redes de contactos, algoritmos de recomendación y oportunidades de mercado, eso es lo que se llama Sesgo del Superviviente. Nunca se da voz a los miles que aplican los mismos ejercicios de visualización y siguen en la quiebra.

Mantener una actitud positiva puede mejorar la disposición al trabajo o a la socialización, pero atribuir los logros al "pensamiento positivo" omite a la acción consciente, el esfuerzo planificado y las oportunidades estructurales, eso se llama Profecía Autocumplida o Efecto Pigmalión, es una forma de autoengaño.

El lado más perjudicial de esta falsa ley es su reverso lógico, si todo lo positivo se atrae mediante el pensamiento, cualquier desgracia es consecuencia directa de la "baja vibración" de la víctima.

Bajo esta premisa pseudocientífica las crisis financieras de un país o la inflación se vuelven responsabilidad del pensamiento colectivo de su población, las condiciones socioeconómicas adversas al nacer se justifican erróneamente como un "bloqueo mental", o el diagnóstico de enfermedades graves se atribuye a una falta de optimismo individual.

Este enfoque convierte problemas estructurales reales, como la desigualdad, la movilidad social o el estado del mercado laboral, en supuestas deficiencias individuales de actitud.

Las estadísticas socioeconómicas demuestran que la movilidad social depende de factores verificables como el acceso a la educación, condiciones del entorno, seguridad y salud pública, redistribución del ingreso y desarrollo económico. Reducir estos complejos fenómenos a una cuestión de "sintonía mental" no solo es ilógico, sino que obstaculiza la toma de decisiones bien informadas.

Visualizar objetivos puede funcionar como una técnica básica de fijación de metas, pero la consecución de resultados exige de estrategia, recursos, trabajo constante y gestión de riesgos. El pensamiento mágico no altera la realidad material, únicamente enmascara las causas objetivas de las cosas.

La llamada Ley de la Atracción, a la luz del conocimiento real, sólo es una patraña basada en sofismas. Está refutada totalmente.

 

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12 septiembre 2026

Refutando la Teoría Cuántica del Alma


Hay muchos que intentan dar explicaciones a lo que no comprenden, pero a veces, al querer hacerlo lo hacen de forma errónea. El artículo titulado Quantum Theory of Soul (Teoría Cuántica del Alma), escrito por Zhigang Sha y Rulin Xiu y publicado como un preprint en la plataforma Qeios, es un ejemplo de esto. 

Para empezar, no es un paper científico, ni siquiera llega a ser una teoría científica real. El texto incluso puede ser clasificado como simple pseudociencia, pues aunque utiliza terminología formal tomada de la física cuántica, como "función de onda", "colapso", "campo vibracional" o "entropía de Shannon", no tiene ninguna base en el método científico, ni en la física real, y además lo mezcla con el vocabulario del falso misticismo cuántico.

El texto toma conceptos de la mecánica cuántica y los redefine arbitrariamente fuera de su marco científico. Define el alma como "el contenido de información dentro de un campo vibracional cuántico". Pero en física, la información cuántica describe estados cuánticos microscópicos, como el espín de un electrón, no entidades conceptuales, mucho menos espirituales.

Afirma que conceptos místicos y esotéricos como los "Registros Akáshicos", la telepatía, la clarividencia y la psicocinesis derivan de la física cuántica, sin demostrar ningún mecanismo observable, ni verificable, mucho menos científico, que pueda sustentar dicha afirmación.

Para que una hipótesis sea considerada científica, según el principio de falsabilidad de Karl Popper, debe proponer predicciones concretas que puedan ser puestas a prueba, verificadas y refutadas mediante experimentos controlados.

La ciencia no busca acumular pruebas para confirmar que una teoría es 100% verdadera. Su objetivo es someter las ideas a pruebas duras para ver si fallan. Las pseudociencias, como la astrología, las constelaciones familiares o el tarot, se adaptan a cualquier resultado para no parecer nunca equivocadas.

El texto sostiene que el alma puede continuar tras la muerte biológica o conectarse de forma remota con otras almas, pero no ofrece ninguna prueba experimental rigurosa, ni repetible, ni auditable de ese supuesto fenómeno. Afirma algo sin ninguna base real.

No especifica a qué partículas o campos del modelo estándar de la física pertenecerían esas partículas o fuerzas que componen "el alma". Como ha argumentado el físico teórico Sean Carroll, si existiera un campo físico que llevara el "alma" e interactuara con los átomos del cerebro humano, y de hecho, este ya habría sido detectado por los colisionadores de partículas modernos debido a las intensidades de interacción que requeriría.

El servidor de preprints Qeios no funciona como una revista científica tradicional con revisión por pares (peer review) previa a la publicación formal. Funciona como un simple repositorio abierto donde cualquier autor publica borradores de textos. Que esté alojado en dicha plataforma no valida científicamente su contenido; y para colmo el propio artículo tiene muy malas calificaciones por parte de otros autores.

El artículo utiliza una estrategia habitual en la literatura New Age, al utilizar la complejidad de la física cuántica para “respaldar” creencias espirituales y parapsicológicas, y deja en claro que sólo se trata de pseudociencia.

Si bien querer integrar la conciencia y la física es un tema de debate filosófico respetable, calificar hipótesis espirituales no verificadas como "física cuántica probada" entra totalmente de lleno en la definición de pseudociencia.

Desde la Teoría Cuántica de Campos (QFT), el marco teórico más preciso y comprobado que tiene la física moderna, la idea de que exista un "alma" o "campo mental" incorpóreo que interactúe con los átomos de nuestro cerebro choca con principios físicos fundamentales.

El argumento central, expuesto por el físico teórico Sean Carroll, señala que para que el “alma” o la mente modifique la materia (por ejemplo, para hacer que una neurona emita un impulso eléctrico impulsado por un pensamiento o la intención del alma), tendría que ejercer una fuerza o transferir energía a los átomos del cerebro.

Si un campo externo (“el alma") interactúa con la materia física como electrones y fotones de las neuronas, esa interacción debe obedecer la ley de conservación de la energía. Si la energía del sistema físico cambia sin una fuente de materia/energía física rastreable, violaría las leyes conocidas de la termodinámica y la mecánica cuántica. Pero eso no sucede.

A las energías y escalas bioquímicas en las que opera el cerebro humano, la física describe la materia mediante unas pocas partículas y fuerzas fundamentales. La QFT establece que toda entidad en el universo es un campo. Los electrones son excitaciones del campo electrónico, la luz son excitaciones del campo electromagnético, y así sucesivamente.

Cualquier fuerza o campo “no descubierto” que pudiera interactuar con la materia de nuestro cerebro debería estar presente en una ecuación efectiva, llamada “Lagrangiano Efectivo”, que es la que nos ayuda a describir y señalar sus efectos.

Para que el alma interactúe con el cuerpo físico, la física estándar tendría que estar completamente equivocada, y no en áreas especulativas como los agujeros negros o singularidades cósmicas, sino en la física cotidiana de baja energía que hace funcionar la química, la biología y la electrónica común y corriente.

Desde la perspectiva de la física de partículas, no hay ningún "espacio libre" en las ecuaciones de la materia cotidiana donde un campo espiritual o incorpóreo pueda influir en los átomos sin ser detectado inmediatamente por la instrumentación científica. Por lo que “el alma” que describen los “místicos espirituales” y similares, en realidad no existe. 

Recordemos que creer en algo no lo hace real, y que tener mucha fe en algo tampoco lo hace real. Caso cerrado.

Que tengan una desmitificante noche.

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*Bibliografía que refuta la supuesta teoría:

Carroll, S. M. (2021). "The Physics of Life and Death". Scientific American.

McKemmish, L. K., et al. (2009). "Too Hot, Wet, and Noisy: Re-evaluating the Quantum Computations in Brain Microtubules". Physical Review E, 80(2), 021912.

Koch, C., & Hepp, K. (2006). "Quantum mechanics in the brain?". Nature, 440(7084), 611-612.

Paniagua, J., et al. (2025/2026). "Quantum theories of consciousness: a critical review of feasibility, philosophical sufficiency, and empirical testability". Frontiers in Psychology / PMC.

Tegmark, M. (2000). "Importance of quantum decoherence in brain processes". Physical Review E, 61(4), 4194.

 

29 agosto 2026

La ilusión de las experiencias cercanas a la muerte



Durante décadas, las experiencias cercanas a la muerte (ECM) han cautivado la imaginación popular. Relatos de túneles oscuros con luces brillantes al fondo, visiones extracorporales, sensaciones de flotar fuera del cuerpo o encuentros con seres queridos fallecidos han servido como columna vertebral para creencias sobre la supervivencia de la conciencia después del paro cardíaco.

Sin embargo, lo que durante mucho tiempo perteneció al terreno de lo preternatural, está hoy plenamente cartografiado por la neurociencia moderna. La experiencia cercana a la muerte no es una ventana al más allá, sino el último e intrincado mecanismo de defensa al inicio de la desintegración del cerebro humano.

Desentrañar las “ECM” no requiere recurrir al dualismo alma-cuerpo, sino comprender la biología bajo condiciones extremas. Cuando el corazón se detiene y la circulación sanguínea cesa, el cerebro experimenta una falta de oxígeno y una drástica disminución del flujo sanguíneo.

Lejos de "apagarse" instantáneamente como una bombilla desconectada, el cerebro moribundo entra en un estado paradójico de hiperactividad transitoria y desorganización neuroquímica. Uno de los fenómenos más citados es la autoscopia o "experiencia fuera del cuerpo", donde los pacientes incluso afirman haberse visto a sí mismos desde el techo del quirófano.

La neurología ha demostrado que esta sensación no responde a un desprendimiento espiritual, sino a un fallo de integración sensorial en la unión temporoparietal (UTP). Esta región del cerebro es la encargada de procesar las señales cinestésicas, visuales y vestibulares para construir nuestra noción de ubicación espacial.

Experimentos, como los del neurocientífico Olaf Blanke, han logrado replicar la sensación de flotar fuera del cuerpo mediante la estimulación eléctrica focalizada de la UTP en pacientes despiertos. Cuando el oxígeno cae, esta zona colapsa y la representación mental de nuestro propio cuerpo se desincroniza del plano físico.

Por su parte, la clásica "luz al final del túnel" encuentra una explicación fisiológica simple en la corteza visual. Ante la falta de irrigación sanguínea, la periferia de la retina y las zonas periféricas del córtex visual primario dejan de funcionar antes que el centro, debido a su mayor vulnerabilidad a la hipoxia. El resultado es una pérdida progresiva de la visión periférica, conocida como visión en túnel, mientras el centro del campo visual retiene por unos instantes la actividad, creando la percepción de avanzar hacia una masa luminosa central.

Pero ¿cómo se explican la gran paz, la ausencia de dolor y el reencuentro con “recuerdos olvidados”? En momentos de estrés fisiológico extremo, el sistema nervioso desencadena una tormenta neuroquímica masiva. Se produce una liberación masiva de endorfinas y neurotransmisores, como la dopamina, que actúan como un anestésico y ansiolítico natural para amortiguar el trauma del colapso orgánico. Además, la pérdida de inhibición en circuitos del lóbulo temporal produce una hiperactivación de la memoria autobiográfica, desplegando la famosa "película de la vida".

En años recientes, estudios liderados por la investigadora Jimo Borjigin, en la Universidad de Michigan, aportaron evidencias contundentes en modelos animales y observaciones clínicas humanas. Al monitorizar la electroencefalografía en el momento de la parada cardíaca, detectaron un brote repentino de ondas gamma altamente sincronizadas en los primeros 30 segundos tras la interrupción clínica del flujo sanguíneo.

Esta ráfaga de hiperconectividad cerebral, superior incluso a los niveles registrados en estado de vigilia consciente, sugiere que el cerebro realiza un último esfuerzo de procesamiento perceptivo hiperdenso justo antes del cese irreversible de sus funciones.

El deseo de creer en una continuidad tras la muerte cerebral en realidad es una necesidad creada. Las experiencias cercanas a la muerte son “verdaderas” netamente como vivencias subjetivas y muy intensas para quienes las experimentan, pero la equivocación reside en la interpretación de su origen.

No constituyen una prueba de un plano trascendental, sino la manifestación biológica de la masa cerebral luchando contra la asfixia mediante alucinaciones complejas, cascadas hormonales y desconexiones sensoriales.

Aceptar que la "luz al final del túnel" no es una puerta hacia otra dimensión, sino la última chispa de nuestra sofisticada red neuronal, no resta belleza ni misterio a nuestra existencia. Por el contrario, revela el asombroso grado de complejidad de un órgano que, hasta en sus últimos segundos, despliega mecanismos fascinantes para dar su último paso en el umbral de la vida.

La muerte sólo es un paso más en el proceso de la vida, que debemos aceptarlo por lo que es, el regreso a lo que somos básicamente, simple materia que forma parte del Universo, y que al final de ese camino regresa a su lugar de origen.

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*Bibliografía que refuta las ECM:

1. Blanke, O., & Arzy, S. (2005). The out-of-body experience: Disturbed self-processing at the temporoparietal junction.* The Neuroscientist, 11(1), 16-24.

2. Borjigin, J., Lee, U., Liu, T., Pal, D., Huff, S., Klarr, D., ... & Mashour, G. A. (2013). Surge of neurophysiological coherence and connectivity in the dying brain. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), 110(35), 14432-14437.

3.  Borjigin, J., et al. (2023). Surge of neurophysiological coupling and connectivity of gamma oscillations in the dying human brain. Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), 120(19), e2216268120.

4.  Greyson, B. (2000). Near-death experiences. In E. Cardeña, S. J. Lynn, & S. Krippner (Eds.), Varieties of anomalous experience: Examining the scientific evidence (pp. 315–352). American Psychological Association.

5. Jansen, A. S., van Nguyen, X., Karpitskiy, V., Mettenleiter, T. C., & Loewy, A. D. (1995). Central command neurons of the sympathetic nervous system: basis of the fight-or-flight response. Science, 270(5236), 644-646.

6. Mobbs, D., & Watt, C. (2011). There is nothing paranormal about near-death experiences: how neuroscience explains seeing lights, meeting dead relatives, and walking to the tunnel. Trends in Cognitive Sciences, 15(10), 447-457.

7. Parnia, S., et al. (2014). AWARE—AWAreness during Resuscitation—A prospective study. Resuscitation, 85(12), 1799-1805.

15 agosto 2026

El sentido de la vida no se encuentra


El auténtico sentido de la vida, para un no creyente, no es llegar a un lugar o a una meta, es disfrutar el trayecto, es disfrutar el viaje de la vida. 

Hay preguntas que a algunos les paralizan el alma, la más pesada de todas, es aquella que en “la madurez” nos suele asaltar en las madrugadas de insomnio o en la gris rutina de los Lunes, es la eterna búsqueda del "sentido de la vida".

Erróneamente nos han enseñado a buscarlo como si se tratara de un tesoro escondido al final de un camino, como el lograr un título universitario, una medalla en un torneo, en lograr una cuenta bancaria robusta, el comprar una mansión enorme o en tener una “epifanía” en un templo. Y en esa obsesión por descifrar el destino, solemos olvidar lo más elemental: La vida no se piensa, se transita.

Ante la crudeza del análisis existencial, la respuesta más racional no es una filosofía espiritual, sino el movimiento mismo. Como bien sugiere una básica intuición tan urgente como liberadora, si el sentido se esconde a la vista, la mejor cura no es estancarse revisándolo, sino tomar el mejor camino y empezar a andar, y así empezar el viaje de tu vida.

El viaje no como huida, sino como reencuentro con uno mismo. La propuesta es tan simple en su ejecución como profunda en su impacto. No lo dudes, sólo hazlo y vívelo. Calla tus miedos, traumas y complejos. No tienes que creer nada, ni venerar, ni adorar nada, sólo avanza en la dirección que más bien te haga. No pongas excusas, es por tu bien. Y haz lo que tengas que hacer para lograrlo. Puede ser solo o acompañado, ¡pero hazlo ya!

No hay que buscar coartadas ni posponer la decisión bajo el peso de las excusas cotidianas. El mandato es contundente: ¡Hazlo! Pon en marcha los mecanismos necesarios para romper la burbuja que te impide desarrollarte. Las excusas son los muros con el que limitamos nuestra propia celda; el viaje en cambio, es la llave que abre los caminos. Si no hay camino, tú hazlo.

Viajar te hace vivir la experiencia de tu vida, y muchas veces es la que hará encontrar ese “sentido de tu vida”, y lo tienes que hacer tú mismo, nadie lo puede dártelo o hacerlo por ti. No lo vas a encontrar en ningún seminario o curso de coaching, sólo lo encontrarás fuera del nido, fuera de tu burbuja de confort.

No necesitas muchos recursos, sólo planéalo bien, aunque todo depende de tu proyecto, pues podrías comenzar caminando por un parque que no conozcas en otra colonia, posteriormente visitando el pueblo mágico de Bustamante, o ir a conocer la tranquila Arteaga, en Coahuila; tiempo después aventurarte al hermoso Juanacatlán, Jalisco, y luego incluso ir a visitar la bella Mérida, en Yucatán.

Ya que si lo que quieres es volar muy lejos… Puedes comenzar en la bella Praga, dejando que el aroma del café matutino en sus calles góticas disipe todo el ruido mental; luego viajar a Bratislava, para sentarse en una mesa y reconfortarte con una deliciosa sopa con knedlíky, para luego ir a perderte caminando por las calles tranquilas de Liubliana, y terminar merendando en Zagreb, donde la tarde pareciera volverse eterna.

Lo importante no es la distancia del viaje, lo importante es que tan profundo te llegue esa vivencia. No busques lujos, eso es un desperdicio de recursos, busca vivir experiencias que te hagan sentir pleno, ser tu mejor versión de ti mismo, que te hagan sentir vivo, y feliz. Y eso de ser feliz lo querrás compartir con los demás.

Descubrir el sentido de la existencia en cualquier rincón del mundo que sacuda tus sentidos revela una verdad incómoda para la cultura del capital: El destino sólo es una ilusión. Nos obsesionamos con la meta final, con el puerto de llegada, ignorando que la vida ocurre enteramente en el trayecto.

Está en el vapor del café frente a una montaña, está en la siesta junto a un río en medio del bosque, en la risa compartida con un extraño que ni tu idioma habla, en el cansancio gratificante de los pies al final de una jornada de exploración, y en la convicción silenciosa de estar haciendo el bien a cada paso. Ahí lo descubrirás, y luego repítelo, las veces que sea necesario. Comprenderás que el auténtico “Cielo” o “Paraíso” está entre los brazos de las personas que amas y que te aman. 

El sentido de la vida no es llegar a un destino o cumplir una meta, el auténtico sentido de la vida es disfrutar el camino, hacer el recorrido, eso es el auténtico sentido de vivir, el gozar el camino y hacer el bien, no es el llegar al final, pues al final sólo respirarás y recordarás, y de nada te arrepentirás.

Pues al final del recorrido, cuando los años pesen y las fuerzas disminuyan, no contarán los trofeos acumulados ni las metas corporativas alcanzadas. En ese último suspiro, lo único que quedará serán los bellos recuerdos y las satisfacciones. Y la mayor victoria posible es mirar hacia atrás y comprobar que no quedó espacio para el arrepentimiento, porque cada kilómetro andado, cada día de tu viaje por la vida valieron absolutamente la pena. Tu legado será todo lo que hiciste, y viviste, en tu camino.

Súbete a ese avión que te llevará a un lugar del que enamorarás, y ve al ese sitio al que siempre querrás regresar, y te lo dice alguien que, ilógicamente, le da miedo volar, pero que ni eso me detiene para volver a hacerlo. Los humanos somos nómadas sociales por naturaleza, el sedentarismo nos atrofia, por eso si nos quedamos quietos, nuestro ser, nuestra naturaleza se siente intranquila. 

Siempre es muy importante tener un lugar seguro a donde retornar, pero también siempre debemos de alejarnos de vez en cuando, y desconectarnos de todo, por el bien de nuestra salud mental y hacer ese viaje que despeje nuestra mente.

El sentido de la vida no se encuentra, se recorre. Y es más bello si se va de la mano de la persona que amas, pero no temas si vas “solo” al principio, pues estrás rodeado por todos los que encuentres a tu paso.

El momento de dar el primer paso de ese gran recorrido es ahora.


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07 agosto 2026

Hasta siempre Ateo Digital

 


Nadie lo puede negar, la figura de Jonathan Asdrúbal Valenzuela, internacionalmente conocido en las redes bajo el seudónimo de "Ateo Digital", se sitúa en la intersección entre el activismo racionalista y la lucha por la libertad de pensamiento.

 

En el mundo hispanohablante, su proyecto representó un esfuerzo continuo por trasladar las discusiones filosóficas a los espacios del contenido en vivo y los foros de debate. Y por ello fue ampliamente atacado por fanáticos religiosos, y posiblemente su actitud tan militante fue una reacción a el constante acoso de ellos. 

 

La trayectoria de Asdrúbal cobra relevancia en la medida en que aborda un nicho de debate que ha cobrado fuerza con el auge de las redes sociales: El enfrentamiento entre el fanatismo apologético y el pensamiento crítico. A través de sus intervenciones, "Ateo Digital" se ha caracterizó por articular una crítica incisiva hacia las estructuras dogmáticas, el fundamentalismo y la injerencia de las doctrinas religiosas en la esfera pública y legislativa.

 

Originario de Ecuador, es autor del “Libro Negro del Ateísmo”, el cual se puede adquirir en línea, donde narra como desde niño se mantuvo como un ateo aun con la presión de la sociedad y el adoctrinamiento de padres, profesores y amigos, donde él descubrió algo muy importante: “Me di cuenta que yo sin dios sigo siendo yo, pero dios sin mi no es nada”.

 

Su labor no se limitó a la mera negación o el choque argumentativo; en sus espacios, buscó promover la ética secular, el humanismo y el uso del método científico como herramientas para interpretar la realidad. Frente a un público diverso, sus plataformas funcionaron como tribuna para examinar falacias lógicas, analizar textos sagrados desde una óptica histórico-crítica y defender la laicidad como un principio fundamental para la convivencia en sociedades democráticas.

 

El fenómeno de "Ateo Digital" se inserta dentro de una de las mejores corrientes de “creadores de contenido con valor”, que han democratizado el acceso al debate ideológico y filosófico. Mediante sus transmisiones en directo, debates con apologistas religiosos y colaboraciones con otros divulgadores del ámbito hispano, contribuyó a consolidar una comunidad virtual de librepensadores que encuentran en las redes un punto de encuentro y reflexión.

 

La obra de Jonathan Asdrúbal Valenzuela se erige como un testimonio del modo en que el internet del siglo XXI ha rediseñado las conversaciones sobre la trascendencia, la duda y el conocimiento. Su presencia como "Ateo Digital" invita a cuestionar las certezas heredadas y a sostener la vigencia del escepticismo en un mundo en constante progreso.

 

Muchos apenas nos enteramos de tu partida del mundo, y ya los perros charlatanes ladran tu ausencia, nosotros te deseamos buen viaje y mandamos un afectuoso abrazo a toda tu familia.

Hasta siempre Ateo Digital, ya eres uno con el Universo.


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24 julio 2026

La verdad detrás de la "Zona del Silencio"


En el árido e imponente corazón de la Reserva de la Biósfera Mapimí, convergiendo entre los estados de Chihuahua, Coahuila y Durango, se encuentra un territorio que por décadas ha sido el lugar preferido de los teóricos de la conspiración y “cazadores de ovnis”, la mal llamada "Zona del Silencio".

Es momento de sepultar la charlatanería y desmitificar la región: No hay naves extraterrestres en el Bolsón de Mapimí, pero sí hubo una operación militar encubierta. Todo comenzó en julio de 1970, cuando un cohete de pruebas de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos llamado “Athena”, fue lanzado desde Utah con destino original a la base militar de White Sands Missile Range, en Nuevo México. Sin embargo, supuestamente sufrió un “fallo técnico” y perdió su rumbo. El cohete desvió su trayectoria hacia el sur y terminó estrellándose en territorio mexicano.

Lo que encendió las alarmas de Washington no fue la pérdida de la nave en el impacto, sino lo que el cohete llevaba en su interior. Dijeron que había sido dos contenedores con Cobalto-57 para no alarmar a la población, pero, gracias a la investigación de José Jaime Herrera, hoy se sabe que lo que realmente transportaron fueron dos contenedores con “Dióxido de Torio” y tres elementos de estudio con el radioisótopo “Tantalio-182”.

José Jaime Herrera, más conocido en los medios como “Jimmy Herrera”, realizó una labor crucial en este caso. Originario de Coahuila, fue promotor e impulsor de la Agencia Espacial Mexicana, y es un reconocido divulgador científico, quien actualmente es el Presidente de la Sociedad Astronómica de Quintana Roo.

En aquel tiempo, los lugareños observaron cómo una zona remota y olvidada se llenó de vuelos de aeronaves, vehículos militares y la aparición de especialistas estadounidenses, para realizar el rescate de los restos de dicho cohete y “remover” toneladas de arena contaminada con radiactividad. Pero realmente no se llevaron ninguna arena contaminada. Según la investigación de Herrera, solamente removieron dicha arena con maquinaria pesada y la dejaron en el mismo sitio. Lo único que hicieron fue colocar una serie de tambos, para tomarse fotos, como si estuvieran llenándolos con arena supuestamente contaminada. Sin embargo, nos menciona el investigador, la mayoría de los residuos siguen en el mismo desierto. 

“Augusto José de la Peña Pérez, alias Harry de la Peña, fue el encargado diseminar el mito de esas supuestas anomalías magnéticas que se presentaban al norte de Ceballos, Durango. Estamos hablando de Parras, Valle de Allende, Jiménez y Chupaderos, todos en el Estado de Chihuahua. Esto con el fin de que toda la opinión pública poco a poco fuera aceptando la presencia de personal estadounidense dentro de la Comarca Lagunera, supuestamente con el objetivo de estudiar esas susodichas anomalías. Pero, lo que realmente se estaba gestando ante el propio gobierno mexicano, era que los estadounidenses instalaran un Centro de Monitoreo Espacial muy cerca del poblado de Ceballos”, nos mencionó Jimmy Herrera.


 

En sus investigaciones dedicadas a desmitificar la "Zona del Silencio", Herrera ha expuesto tajantemente que las historias ufológicas, repetidas hasta el cansancio en revistas y programas de entretenimiento, que carecen de todo sustento real. Recientemente, fue entrevistado por el analista escéptico Mario Adalid Lugo, en su canal “El Ciudadano Escéptico Podcast”, en donde reveló datos que desmienten todos los cuentos relativos y elaborados a la supuesta “Zona del Silencio”, que de hecho, esa zona originalmente era llamada como “La Zona de los Meteoritos”.    

La investigación de Herrera señala que los aparentes "silencios" en las transmisiones no responden a ningún “vórtice magnético”, sino a simples cuestiones de las condiciones geográficas que aíslan naturalmente el área. De hecho, el termino de “zona de silencio” en realidad se refiere a una zona donde había censura periodística y mediática que operó dentro del desierto, bajo estricta vigilancia militar -como parte de un ejercicio militar extranjero encubierto del todo-.

Herrera nos menciona que “En 1970 durante el incidente del cohete Athena, el pensar de la opinión pública no hacía referencias a platillos voladores o extraterrestres en los alrededores del Bolsón de Mapimí. De hecho, el mismo Harry de la Peña junto con terceras personas, le dio más fuerza al mito de la Zona del Silencio a partir de 1974, cuando se comenzaron a publicar libros sobre esos supuestos misterios magnéticos del lugar. Todo esto claramente como una gran cortina de humo para ocultar el ejercicio militar norteamericano que se realizó dentro de territorio mexicano”.  

Una de las leyendas asegura que en ese punto del desierto existe una “energía magnética tan densa que las señales de radio mueren y las brújulas giran sin control”. Jimmy Herrera ha expuesto que esto es completamente falso, y corresponde a una “manipulación mediática para ocultar un ejercicio militar norteamericano dentro del desierto, bajo el beneplácito del propio gobierno federal mexicano durante la administración de Gustavo Díaz Ordaz”, así nos señala el investigador.

“En la década de los setentas no había tantas emisoras de radio en la Comarca Lagunera. De las pocas que había, la gran mayoría eran en Amplitud Modulada (AM) de la cual sus ondas no se propagan por la ionósfera, sino por el terreno mismo. Al haber ciertos cerros o montañas, por lo general obstaculizaban la propagación de la misma, a lo que se perdía la señal de la emisora. También ocurría cuando se estaba cerca de línea de alta tensión. Pero el pretexto de la pérdida de las ondas hertzianas en el desierto, fue una simple estrategia más utilizado por Harry de la Peña para alimentar ese misterio, que serviría como un justificante para la presencia de personal de la fuerza aérea estadounidense en el desierto, pero posteriormente sirvió como una gran cortina de humo que hasta la fecha, aún sigue siendo vigente”, nos comenta Jimmy Herrera. 

De hecho, no hay un magnetismo que "enloquezca" los aparatos, sino yacimientos naturales de magnetita (un mineral de hierro) concentrados en el suelo de ciertas áreas muy específicas que pueden desviar levemente una aguja si se coloca directamente en el piso, algo puramente geológico y estudiado por la ciencia, no un fenómeno “anómalo”.

Herrera detalla en su investigación cómo los propios pobladores locales, guías turísticos improvisados y ciertos medios de comunicación alimentaron el mito, a sabiendas de que era una ficción muy lucrativa. Al volverse popular la historia del cohete Athena, la región, que carecía de actividad económica fuerte, descubrió un negocio muy rentable en el "turismo ovni".

El investigador expone que se algunos empezaron a vender piedras comunes del desierto asegurando que eran meteoritos, y se crearon cuentos falsos sobre luces en el cielo, muchas de las cuales eran simples satélites artificiales visibles gracias a la limpieza y oscuridad extrema del cielo del desierto.

El investigador hace hincapié en que lo que él descubrió fue que “Lo que realmente se esparció en el desierto fue Dióxido de Torio, que tiene una vida media de 14 mil millones de años, también “Tantalio-182”. Nunca se utilizó el radioisótopo Cobalto-57, ya que eso fue una gran mentira para no alarmar a la población. Con la finalidad de obstaculizar el tránsito y la edificación en la zona afectada por estos residuos dejados por el impacto del cohete Athena, fue que se perimetró el lugar bajo el pretexto de la creación de la Reserva de la Biósfera del Bolsón de Mapimí, a través de un programa elaborado por la UNESCO denominado como El Hombre y la Biósfera”. 


Lo que Jimmy Herrera rescata como el verdadero valor histórico y oculto de la zona, es el enorme impacto geopolítico que tuvo el incidente de 1970. En plena Guerra Fría, un cohete militar estadounidense de última tecnología se desvió profundamente hacia el interior del territorio mexicano portando un sensible material radiactivo, el cual contaminó mucha tierra del lugar, tierra que ahí continuaría contaminada y que podría haber generado casos de intoxicación o envenenamiento en quienes visitaban el lugar, o incluso al libre ganado que suele estar en el lugar.  

Herrera enfatiza que el verdadero "secreto" no eran los extraterrestres, sino que el gobierno de E.U.A. ordenó directamente al gobierno mexicano que permitiera la entrada de elementos de la fuerza aérea norteamericana, ingenieros y científicos estadounidenses a territorio nacional para. Supuestamente, “limpiar” los residuos.

“Nunca hubo una negociación. De hecho, eran órdenes directas ya que el presidente mexicano en turno estaba bajo la nómina de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Tanto autoridades estadounidenses como de las mexicanas, estaban coludidos en esta gran operación encubierta. No hubo ninguna falla técnica por parte de la fuerza aérea norteamericana, ya que fue todo premeditado”, menciona categóricamente Jimmy Herrera.

“La fantasía de los ovnis -al igual que de otros mitos-, simplemente ocultan lo que verdaderamente aconteció en ese desierto. Todo con el fin de desviar totalmente la atención de la opinión pública, y se olvidase de las intenciones norteamericanas de querer establecerse en Ceballos”, señala el investigador.

Lamentablemente, el verdadero precio de este falso mito alienígena lo ha pagado la propia naturaleza del Bolsón de Mapimí. La fiebre por el “misterio” atrajo a miles de curiosos irresponsables que saquearon la zona buscando recuerdos "alienígenas", alterando el delicado equilibrio ecológico.

“Efectivamente con todo esto se hizo el mayor ecocidio en la historia del país, al llevarse los curiosos: material pétreo, flora y fauna endémica del desierto, por décadas”, nos comentó Herrera.


Nos mencionó que es imperativo concientizar a la sociedad que aún prevalece dentro de este mismo desierto residuos radioactivos, que bien pudiera afectar la salud de quienes visiten parte de este desierto, por lo que se exhortó a no visitarlo por cuestión de seguridad, y dejar de ver a esta región como un parque temático para el esoterismo.

El desierto de Mapimí, es un santuario que alberga alrededor de cientos de especies de plantas y animales, no necesita historias de naves intergalácticas para ser un lugar extraordinario. Su valor científico, biológico y de conservación es incalculable por sí mismo. A través de su trabajo, Jimmy Herrera busca que la Reserva de la Biósfera de Mapimí sea reconocida por lo que verdaderamente es, un tesoro natural invaluable para las ciencias naturales, con especies endémicas únicas con una fascinante historia, limpiando su reputación de los engaños ufológicos que sólo dañaron su ecosistema.

“Realmente no existe La Zona del Silencio. Ese nombre fue más un código para mantener a raya a los periodistas cuando cayó el cohete Athena, y prevaleciese un cierto hermetismo con la operación encubierta que se estaba llevando a cabo. Un ejercicio militar norteamericano, parcialmente exitoso, dentro del territorio mexicano”, aseguró Jimmy Herrera.  

Y eso fue el fin del misterio. Ahí se los dejo de tarea. Que todos tengan una muy bella y desmitificante noche.

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20 julio 2026

El ascenso del terrorismo de ultraderecha



En los últimos años el discurso político global ha experimentado una transformación, lo que antes se confinaba a debates en redes sociales, hoy ha saltado a la calle con gran agresividad. No hablamos de retórica incendiaria, sino de una amenaza real y tangible: El terrorismo de ultraderecha.

 

Esa lacra a menudo minimizada y clasificada como “hechos aislados”, constituye hoy uno de los mayores riesgos para la integridad de nuestras democracias. Recordemos lo que pasa cuando un tirano de esos llega al poder para imponer el fascismo, su ascenso está tapizado de muerte y destrucción.

 

La “lógica” de estos grupos es simplista y peligrosa. Bajo ideologías de odio que promueve un nacionalismo excluyente, el racismo o una interpretación radicalizada de ideologías conservadoras oscurantistas, ellos han definido a su “enemigo”. Periodistas que investigan la corrupción y los vínculos de estos grupos, activistas que defienden los derechos humanos, comunidades migrantes y colectivos LGBTQ se han convertido en los objetivos principales de una violenta campaña de acoso y hostigamiento.

 

El patrón es consistente, la deshumanización del “otro” a través de los medios de comunicación y las redes sociales utilizando las posverdad y la desinformación, prepara el terreno para la agresión física. Cuando el discurso de odio se normaliza, la distancia entre un comentario en internet y un atentado se acorta drásticamente.

 

La historia reciente nos ofrece ejemplos que no debemos olvidar, en los Estados Unidos y Europa, hemos sido testigos de tiroteos masivos en lugares de culto y centros comunitarios, perpetrados por individuos alimentados por teorías de conspiración como esa patraña del “Gran Reemplazo”.

 

En diversas “democracias occidentales”, el hostigamiento, las agresiones físicas y las amenazas de muerte contra periodistas han aumentado en Estados Unidos, España, México, Argentina y Alemania. Lamentablemente los ataques de odio que ocurren son casi ignorados por las autoridades. Ya no se trata solo de censura, sino de intimidación violenta para silenciar el trabajo de investigación. La quema de centros sociales, las agresiones en manifestaciones y el acoso domiciliario a líderes que representan la defensa de los derechos civiles han dejado de ser incidentes esporádicos para convertirse en una estrategia para causar miedo.

 

El terrorismo de ultraderecha no es un problema de “choque de extremos”, es un ataque directo contra los pilares de los derechos humanos y el Estado de Derecho. La falta de una categorización legal firme en muchas jurisdicciones permite que estos actos sean procesados como delitos menores, evitando que las autoridades gubernamentales investiguen las mafias organizadas que hay detrás de esos malandros.

 

Si nuestras instituciones gubernamentales no reconocen la magnitud de esta amenaza, están dejando indefensos a todos aquellos civiles que, con su trabajo o su existencia, desafían una visión del mundo basada en el odio, pues incluso existen grupos de odio que se arman de abogados que, tergiversando las leyes, se encargan de acosar a quienes no cuadran con sus ideologías oscurantistas. 

 

El combate contra esta lacra no puede recaer solo en las fuerzas de seguridad. Requiere una respuesta social y política contundente. Es imperativo que los gobiernos y partidos políticos aíslen cualquier forma de violencia y dejen de permitir, y legitimar, discursos que promueven el odio.

 

Los periodistas y activistas, que son objetivo frecuente de estos crímenes de odio, deben de contar con mecanismos de protección, reales y funcionales. Eso sí, debemos confrontar la narrativa del odio con inteligencia y sabiduría, no debemos ser iguales a ellos, recordando que la historia está llena de ejemplos de cómo el fanatismo, cuando no se detiene a tiempo, termina devorando y destruyendo a toda una sociedad.

 

Cuando permitimos que la violencia de ultraderecha silencie a una voz crítica o aterrorice a una comunidad, no solo estamos fallando a las víctimas, estamos renunciando a nuestra propia libertad. Es momento de llamar a las cosas por su nombre y actuar antes de que el ruido de la violencia ahogue por completo el diálogo democrático.

 

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16 julio 2026

Hombres débiles quieren silenciar mujeres fuertes


En pleno siglo XXI, cuando la humanidad ya discute sobre la colonización de Marte, el alcance de la inteligencia artificial y los límites de la física cuántica, un oscuro rincón de las redes sociales insiste en vendernos una fantasía sacada de un comercial de electrodomésticos de 1940.

 

El auge del tema de las “tradwives” (esposas tradicionales) no es una simple tendencia de moda o un pasatiempo estético, es el síntoma de un auténtico cáncer cultural muy grave y, al mismo tiempo, una declaración de debilidad “masculina”.

 

La repentina fama desmedida hacia ese modelo por parte de ciertos sectores “masculinos” no nace del amor a la tradición, sino de la fragilidad y la inseguridad. Sólo aquellos atrapados en una masculinidad frágil y una hombría endeble necesitan que su entorno sea un simulacro de sumisión para sentirse válidos. Parece que esos tipos con sesgo cognitivo no tienen nada interesante que hacer con sus vidas y por eso, de nuevo, se ponen a atacar a las mujeres.

 

Para estos perfiles, una mujer fuerte, independiente e inteligente no es una compañera, sino una amenaza existencial a su frágil ego de porcelana. Prefieren la patraña de la mujer subyugada porque es la única forma en que sus pobres expectativas de mediocridad no queden en evidencia. Si tu valor como hombre depende de que tu pareja no tenga voz ni autonomía, el problema nunca fue ella, siempre fuiste tú.

 

La mujer ya llegó al espacio, ha liderado naciones y transformado la ciencia, y hoy pretenden que su mayor aspiración sea el brillo perfecto de una sartén, y para colmo ahora le quieren quitar el derecho al voto.

 

Esta corriente es, sin duda, una de las mayores aberraciones ideológicas que pretenden normalizarse en nuestra era. Es un intento burdo de revertir décadas de luchas sociales que costaron sangre, sudor y lágrimas. Promover que el ideal femenino es el aislamiento doméstico y la dependencia económica absoluta no es "romántico", es peligroso.

 

Lo más irónico de esta burda patraña es su absoluta desconexión con la realidad. Estas dinámicas las graban influencers con cámaras de 4K, se editan con filtros perfectos y se monetizan gracias al algoritmo. Es una contradicción ridícula. Si tanta es su urgencia de renunciar a la modernidad y abrazar el ascetismo del siglo pasado, la invitación está abierta: Dejen la comodidad de sus residencias urbanas y váyanse a la sierra a vivir la verdadera vida rural y tradicional.

 

Habría que ver cuánto duran esos “machitos” de cristal, y esas princesas de plástico, con su idilio de sumisión y tareas extenuantes en el campo sin la ayuda del lavavajillas automático, sin el aire acondicionado y, por supuesto, sin la conexión a wifi que les permite publicitar su farsa de santidad doméstica.

 

El progreso no es lineal y este fenómeno lo demuestra. La sociedad no puede permitirse el lujo de validar como "elección respetable" un discurso que busca desmantelar la emancipación femenina. La cocina dejó de ser el destino obligatorio de la mujer para convertirse, simplemente, en una habitación más de la casa.

 

Quienes pretendan encerrarlas de nuevo ahí, sólo exponen su propia miseria, miedo y mediocridad para competir en un mundo donde el verdadero talento ya no tiene género.

 

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