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15 agosto 2026

El sentido de la vida no se encuentra


El auténtico sentido de la vida, para un no creyente, no es llegar a un lugar o a una meta, es disfrutar el trayecto, es disfrutar el viaje de la vida. 

Hay preguntas que a algunos les paralizan el alma, la más pesada de todas, es aquella que en “la madurez” nos suele asaltar en las madrugadas de insomnio o en la gris rutina de los Lunes, es la eterna búsqueda del "sentido de la vida".

Erróneamente nos han enseñado a buscarlo como si se tratara de un tesoro escondido al final de un camino, como el lograr un título universitario, una medalla en un torneo, en lograr una cuenta bancaria robusta, el comprar una mansión enorme o en tener una “epifanía” en un templo. Y en esa obsesión por descifrar el destino, solemos olvidar lo más elemental: La vida no se piensa, se transita.

Ante la crudeza del análisis existencial, la respuesta más racional no es una filosofía espiritual, sino el movimiento mismo. Como bien sugiere una básica intuición tan urgente como liberadora, si el sentido se esconde a la vista, la mejor cura no es estancarse revisándolo, sino tomar el mejor camino y empezar a andar, y así empezar el viaje de tu vida.

El viaje no como huida, sino como reencuentro con uno mismo. La propuesta es tan simple en su ejecución como profunda en su impacto. No lo dudes, sólo hazlo y vívelo. Calla tus miedos, traumas y complejos. No tienes que creer nada, ni venerar, ni adorar nada, sólo avanza en la dirección que más bien te haga. No pongas excusas, es por tu bien. Y haz lo que tengas que hacer para lograrlo. Puede ser solo o acompañado, ¡pero hazlo ya!

No hay que buscar coartadas ni posponer la decisión bajo el peso de las excusas cotidianas. El mandato es contundente: ¡Hazlo! Pon en marcha los mecanismos necesarios para romper la burbuja que te impide desarrollarte. Las excusas son los muros con el que limitamos nuestra propia celda; el viaje en cambio, es la llave que abre los caminos. Si no hay camino, tú hazlo.

Viajar te hace vivir la experiencia de tu vida, y muchas veces es la que hará encontrar ese “sentido de tu vida”, y lo tienes que hacer tú mismo, nadie lo puede dártelo o hacerlo por ti. No lo vas a encontrar en ningún seminario o curso de coaching, sólo lo encontrarás fuera del nido, fuera de tu burbuja de confort.

No necesitas muchos recursos, sólo planéalo bien, aunque todo depende de tu proyecto, pues podrías comenzar caminando por un parque que no conozcas en otra colonia, posteriormente visitando el pueblo mágico de Bustamante, o ir a conocer la tranquila Arteaga, en Coahuila; tiempo después aventurarte al hermoso Juanacatlán, Jalisco, y luego incluso ir a visitar la bella Mérida, en Yucatán.

Ya que si lo que quieres es volar muy lejos… Puedes comenzar en la bella Praga, dejando que el aroma del café matutino en sus calles góticas disipe todo el ruido mental; luego viajar a Bratislava, para sentarse en una mesa y reconfortarte con una deliciosa sopa con knedlíky, para luego ir a perderte caminando por las calles tranquilas de Liubliana, y terminar merendando en Zagreb, donde la tarde pareciera volverse eterna.

Lo importante no es la distancia del viaje, lo importante es que tan profundo te llegue esa vivencia. No busques lujos, eso es un desperdicio de recursos, busca vivir experiencias que te hagan sentir pleno, ser tu mejor versión de ti mismo, que te hagan sentir vivo, y feliz. Y eso de ser feliz lo querrás compartir con los demás.

Descubrir el sentido de la existencia en cualquier rincón del mundo que sacuda tus sentidos revela una verdad incómoda para la cultura del capital: El destino sólo es una ilusión. Nos obsesionamos con la meta final, con el puerto de llegada, ignorando que la vida ocurre enteramente en el trayecto.

Está en el vapor del café frente a una montaña, está en la siesta junto a un río en medio del bosque, en la risa compartida con un extraño que ni tu idioma habla, en el cansancio gratificante de los pies al final de una jornada de exploración, y en la convicción silenciosa de estar haciendo el bien a cada paso. Ahí lo descubrirás, y luego repítelo, las veces que sea necesario. Comprenderás que el auténtico “Cielo” o “Paraíso” está entre los brazos de las personas que amas y que te aman. 

El sentido de la vida no es llegar a un destino o cumplir una meta, el auténtico sentido de la vida es disfrutar el camino, hacer el recorrido, eso es el auténtico sentido de vivir, el gozar el camino y hacer el bien, no es el llegar al final, pues al final sólo respirarás y recordarás, y de nada te arrepentirás.

Pues al final del recorrido, cuando los años pesen y las fuerzas disminuyan, no contarán los trofeos acumulados ni las metas corporativas alcanzadas. En ese último suspiro, lo único que quedará serán los bellos recuerdos y las satisfacciones. Y la mayor victoria posible es mirar hacia atrás y comprobar que no quedó espacio para el arrepentimiento, porque cada kilómetro andado, cada día de tu viaje por la vida valieron absolutamente la pena. Tu legado será todo lo que hiciste, y viviste, en tu camino.

Súbete a ese avión que te llevará a un lugar del que enamorarás, y ve al ese sitio al que siempre querrás regresar, y te lo dice alguien que, ilógicamente, le da miedo volar, pero que ni eso me detiene para volver a hacerlo. Los humanos somos nómadas sociales por naturaleza, el sedentarismo nos atrofia, por eso si nos quedamos quietos, nuestro ser, nuestra naturaleza se siente intranquila. 

Siempre es muy importante tener un lugar seguro a donde retornar, pero también siempre debemos de alejarnos de vez en cuando, y desconectarnos de todo, por el bien de nuestra salud mental y hacer ese viaje que despeje nuestra mente.

El sentido de la vida no se encuentra, se recorre. Y es más bello si se va de la mano de la persona que amas, pero no temas si vas “solo” al principio, pues estrás rodeado por todos los que encuentres a tu paso.

El momento de dar el primer paso de ese gran recorrido es ahora.


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07 agosto 2026

Hasta siempre Ateo Digital

 


Nadie lo puede negar, la figura de Jonathan Asdrúbal Valenzuela, internacionalmente conocido en las redes bajo el seudónimo de "Ateo Digital", se sitúa en la intersección entre el activismo racionalista y la lucha por la libertad de pensamiento.

 

En el mundo hispanohablante, su proyecto representó un esfuerzo continuo por trasladar las discusiones filosóficas a los espacios del contenido en vivo y los foros de debate. Y por ello fue ampliamente atacado por fanáticos religiosos, y posiblemente su actitud tan militante fue una reacción a el constante acoso de ellos. 

 

La trayectoria de Asdrúbal cobra relevancia en la medida en que aborda un nicho de debate que ha cobrado fuerza con el auge de las redes sociales: El enfrentamiento entre el fanatismo apologético y el pensamiento crítico. A través de sus intervenciones, "Ateo Digital" se ha caracterizó por articular una crítica incisiva hacia las estructuras dogmáticas, el fundamentalismo y la injerencia de las doctrinas religiosas en la esfera pública y legislativa.

 

Originario de Ecuador, es autor del “Libro Negro del Ateísmo”, el cual se puede adquirir en línea, donde narra como desde niño se mantuvo como un ateo aun con la presión de la sociedad y el adoctrinamiento de padres, profesores y amigos, donde él descubrió algo muy importante: “Me di cuenta que yo sin dios sigo siendo yo, pero dios sin mi no es nada”.

 

Su labor no se limitó a la mera negación o el choque argumentativo; en sus espacios, buscó promover la ética secular, el humanismo y el uso del método científico como herramientas para interpretar la realidad. Frente a un público diverso, sus plataformas funcionaron como tribuna para examinar falacias lógicas, analizar textos sagrados desde una óptica histórico-crítica y defender la laicidad como un principio fundamental para la convivencia en sociedades democráticas.

 

El fenómeno de "Ateo Digital" se inserta dentro de una de las mejores corrientes de “creadores de contenido con valor”, que han democratizado el acceso al debate ideológico y filosófico. Mediante sus transmisiones en directo, debates con apologistas religiosos y colaboraciones con otros divulgadores del ámbito hispano, contribuyó a consolidar una comunidad virtual de librepensadores que encuentran en las redes un punto de encuentro y reflexión.

 

La obra de Jonathan Asdrúbal Valenzuela se erige como un testimonio del modo en que el internet del siglo XXI ha rediseñado las conversaciones sobre la trascendencia, la duda y el conocimiento. Su presencia como "Ateo Digital" invita a cuestionar las certezas heredadas y a sostener la vigencia del escepticismo en un mundo en constante progreso.

 

Muchos apenas nos enteramos de tu partida del mundo, y ya los perros charlatanes ladran tu ausencia, nosotros te deseamos buen viaje y mandamos un afectuoso abrazo a toda tu familia.

Hasta siempre Ateo Digital, ya eres uno con el Universo.


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29 julio 2026

Regresan a Monterrey karatecas varados en Rumania


Los tres karatekas regiomontanos que compitieron en el mundial de karate en Rumanía ya pudieron regresar a Monterrey después de haber quedado varados en Europa tras perder el vuelo.

Los karatecas regiomontanos William Rodríguez, Ixchel Reynosa y el Sensei Adán Emilio Saucedo ya pudieron regresar a Monterrey después de haber quedado varados en Rumania tras haber perdido el vuelo de la aerolínea Turkish Airlines en el cual volverían a México.  

“Gracias en especial a la Asociación Mexicana de Karate Do del Estado de Nuevo León ( AMKNL), presidida por Sensei Belisario Tovar, a los compañeros de Hombu Dojo Murayama, encabezado por el Ing. Eduardo Zubieta, a los Dojos hermanos de la asociación, a nuestra familia y amigos que nunca dejaron de preocuparse, a los compañeros de selección que también nos apoyaron. ¡Mil gracias a todos! A la Diputada Armida Serrato flores que nos brindó apoyo”, fueron las palabras de agradecimiento del Sensei Adán Saucedo al llegar a tierras regias.

Recordemos que ellos lograron ganar medalla de oro en la competencia de Kata Team, medalla de plata en Kumite Team, medalla de plata en Kumite Rotativo Team y medalla de bronce en Kumite Individual.

El Sensei Adán Saucedo mencionó que la aerolínea Turkish Airlines no les resolvió si procedía algún reembolso por cancelación, y en caso se tardaría hasta 60 días. Nos mencionó que hubo cambio de horario en su vuelo y no traían datos, cuando se conectamos a internet vieron que estaban abordando y corrieron al aeropuerto, llegaron unos 10 minutos antes del cierre, pero no los dejaron abordar.

Afortunadamente, y con el gran apoyo de la comunidad regiomontana, estos tres atletas pudieron regresar sanos y salvos a Monterrey para poder festejar sus triunfos obtenidos en tierras europeas.

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27 julio 2026

Karatecas necesitan ayuda para regresar a México


Tres karatekas regiomontanos que compitieron en el mundial de karate en Rumanía quedaron varados en Europa tras perder el vuelo y piden ayuda de la comunidad para poder regresar.

Después de competir en el Campeonato Mundial de Karate de la WUKF, en la ciudad de Cluj Napoca, en Rumania, tres regiomontanos perdieron su vuelo de regreso a México y quedaron varados y con recursos limitados en el país europeo, por lo que solicitaron el apoyo de la comunidad para poder juntar los recursos para poder adquirir los vuelos de regreso al país.

Se trata de los jóvenes William Rodríguez, Ixchel Reynosa y el Sensei Adán Emilio Saucedo. Los regiomontanos lograron ganar medalla de oro en la competencia de Kata Team, ganaron plata en Kumite Team, plata en Kumite Rotativo Team y bronce en Kumite Individual.

El Sensei Saucedo nos mencionó que la aerolínea Turkish Airlines no les resuelve si procede algún reembolso por cancelación, y en caso de tardaría hasta 60 días. Los vuelos no bajan de $36,000 por persona saliendo de Rumania, y ya están viendo opciones para trasladarse a otro país que salga más barato el vuelo de retorno, teniendo cubierto su hospedaje hasta el día 29 de julio.

“Hubo cambio de horario y no traíamos datos, cuando nos conectamos a internet vimos que estaban abordando y salimos corriendo al aeropuerto, llegamos 10min antes del cierre, pero no nos dejaron abordar, pusimos queja con la aerolínea y nos contestaron que investigarían y en caso de aplicar reembolso se efectuaría en 60 días”, nos mencionó el Sensei Adán Saucedo.  

Si quieres y puedes apoyar a estos atletas región varados en Europa puedes apoyarles depositando en la cuenta del banco Banorte 4189143019677346  a nombre de Adán Emilio Saucedo.

La última información que tenemos de la comunicación con ellos, es que en estos momentos se encuentran en Budapest, Hungría, de donde volarán a Zúrich, Suiza, de donde esperan poder tomar un avión de regreso a Cancún y de ahí regresar a Monterrey.

Apoyemos a estos valientes atletas regiomontanos en su Odisea por Europa, para que pronto puedan volver a Monterrey y poder festejar los triunfos obtenidos en tierras transilvanas.

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20 julio 2026

El ascenso del terrorismo de ultraderecha



En los últimos años el discurso político global ha experimentado una transformación, lo que antes se confinaba a debates en redes sociales, hoy ha saltado a la calle con gran agresividad. No hablamos de retórica incendiaria, sino de una amenaza real y tangible: El terrorismo de ultraderecha.

 

Esa lacra a menudo minimizada y clasificada como “hechos aislados”, constituye hoy uno de los mayores riesgos para la integridad de nuestras democracias. Recordemos lo que pasa cuando un tirano de esos llega al poder para imponer el fascismo, su ascenso está tapizado de muerte y destrucción.

 

La “lógica” de estos grupos es simplista y peligrosa. Bajo ideologías de odio que promueve un nacionalismo excluyente, el racismo o una interpretación radicalizada de ideologías conservadoras oscurantistas, ellos han definido a su “enemigo”. Periodistas que investigan la corrupción y los vínculos de estos grupos, activistas que defienden los derechos humanos, comunidades migrantes y colectivos LGBTQ se han convertido en los objetivos principales de una violenta campaña de acoso y hostigamiento.

 

El patrón es consistente, la deshumanización del “otro” a través de los medios de comunicación y las redes sociales utilizando las posverdad y la desinformación, prepara el terreno para la agresión física. Cuando el discurso de odio se normaliza, la distancia entre un comentario en internet y un atentado se acorta drásticamente.

 

La historia reciente nos ofrece ejemplos que no debemos olvidar, en los Estados Unidos y Europa, hemos sido testigos de tiroteos masivos en lugares de culto y centros comunitarios, perpetrados por individuos alimentados por teorías de conspiración como esa patraña del “Gran Reemplazo”.

 

En diversas “democracias occidentales”, el hostigamiento, las agresiones físicas y las amenazas de muerte contra periodistas han aumentado en Estados Unidos, España, México, Argentina y Alemania. Lamentablemente los ataques de odio que ocurren son casi ignorados por las autoridades. Ya no se trata solo de censura, sino de intimidación violenta para silenciar el trabajo de investigación. La quema de centros sociales, las agresiones en manifestaciones y el acoso domiciliario a líderes que representan la defensa de los derechos civiles han dejado de ser incidentes esporádicos para convertirse en una estrategia para causar miedo.

 

El terrorismo de ultraderecha no es un problema de “choque de extremos”, es un ataque directo contra los pilares de los derechos humanos y el Estado de Derecho. La falta de una categorización legal firme en muchas jurisdicciones permite que estos actos sean procesados como delitos menores, evitando que las autoridades gubernamentales investiguen las mafias organizadas que hay detrás de esos malandros.

 

Si nuestras instituciones gubernamentales no reconocen la magnitud de esta amenaza, están dejando indefensos a todos aquellos civiles que, con su trabajo o su existencia, desafían una visión del mundo basada en el odio, pues incluso existen grupos de odio que se arman de abogados que, tergiversando las leyes, se encargan de acosar a quienes no cuadran con sus ideologías oscurantistas. 

 

El combate contra esta lacra no puede recaer solo en las fuerzas de seguridad. Requiere una respuesta social y política contundente. Es imperativo que los gobiernos y partidos políticos aíslen cualquier forma de violencia y dejen de permitir, y legitimar, discursos que promueven el odio.

 

Los periodistas y activistas, que son objetivo frecuente de estos crímenes de odio, deben de contar con mecanismos de protección, reales y funcionales. Eso sí, debemos confrontar la narrativa del odio con inteligencia y sabiduría, no debemos ser iguales a ellos, recordando que la historia está llena de ejemplos de cómo el fanatismo, cuando no se detiene a tiempo, termina devorando y destruyendo a toda una sociedad.

 

Cuando permitimos que la violencia de ultraderecha silencie a una voz crítica o aterrorice a una comunidad, no solo estamos fallando a las víctimas, estamos renunciando a nuestra propia libertad. Es momento de llamar a las cosas por su nombre y actuar antes de que el ruido de la violencia ahogue por completo el diálogo democrático.

 

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16 julio 2026

Hombres débiles quieren silenciar mujeres fuertes


En pleno siglo XXI, cuando la humanidad ya discute sobre la colonización de Marte, el alcance de la inteligencia artificial y los límites de la física cuántica, un oscuro rincón de las redes sociales insiste en vendernos una fantasía sacada de un comercial de electrodomésticos de 1940.

 

El auge del tema de las “tradwives” (esposas tradicionales) no es una simple tendencia de moda o un pasatiempo estético, es el síntoma de un auténtico cáncer cultural muy grave y, al mismo tiempo, una declaración de debilidad “masculina”.

 

La repentina fama desmedida hacia ese modelo por parte de ciertos sectores “masculinos” no nace del amor a la tradición, sino de la fragilidad y la inseguridad. Sólo aquellos atrapados en una masculinidad frágil y una hombría endeble necesitan que su entorno sea un simulacro de sumisión para sentirse válidos. Parece que esos tipos con sesgo cognitivo no tienen nada interesante que hacer con sus vidas y por eso, de nuevo, se ponen a atacar a las mujeres.

 

Para estos perfiles, una mujer fuerte, independiente e inteligente no es una compañera, sino una amenaza existencial a su frágil ego de porcelana. Prefieren la patraña de la mujer subyugada porque es la única forma en que sus pobres expectativas de mediocridad no queden en evidencia. Si tu valor como hombre depende de que tu pareja no tenga voz ni autonomía, el problema nunca fue ella, siempre fuiste tú.

 

La mujer ya llegó al espacio, ha liderado naciones y transformado la ciencia, y hoy pretenden que su mayor aspiración sea el brillo perfecto de una sartén, y para colmo ahora le quieren quitar el derecho al voto.

 

Esta corriente es, sin duda, una de las mayores aberraciones ideológicas que pretenden normalizarse en nuestra era. Es un intento burdo de revertir décadas de luchas sociales que costaron sangre, sudor y lágrimas. Promover que el ideal femenino es el aislamiento doméstico y la dependencia económica absoluta no es "romántico", es peligroso.

 

Lo más irónico de esta burda patraña es su absoluta desconexión con la realidad. Estas dinámicas las graban influencers con cámaras de 4K, se editan con filtros perfectos y se monetizan gracias al algoritmo. Es una contradicción ridícula. Si tanta es su urgencia de renunciar a la modernidad y abrazar el ascetismo del siglo pasado, la invitación está abierta: Dejen la comodidad de sus residencias urbanas y váyanse a la sierra a vivir la verdadera vida rural y tradicional.

 

Habría que ver cuánto duran esos “machitos” de cristal, y esas princesas de plástico, con su idilio de sumisión y tareas extenuantes en el campo sin la ayuda del lavavajillas automático, sin el aire acondicionado y, por supuesto, sin la conexión a wifi que les permite publicitar su farsa de santidad doméstica.

 

El progreso no es lineal y este fenómeno lo demuestra. La sociedad no puede permitirse el lujo de validar como "elección respetable" un discurso que busca desmantelar la emancipación femenina. La cocina dejó de ser el destino obligatorio de la mujer para convertirse, simplemente, en una habitación más de la casa.

 

Quienes pretendan encerrarlas de nuevo ahí, sólo exponen su propia miseria, miedo y mediocridad para competir en un mundo donde el verdadero talento ya no tiene género.

 

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15 julio 2026

La fe y la negación


Es común escuchar juicios sobre quienes tras tocar fondo en el abismo de la drogadicción, encuentran refugio en la religión, o sobre aquellos que, tras una desilusión profunda con la iglesia, abrazan el ateísmo.

 ¿Juzgar el origen del cambio invalida el cambio mismo? ¿Es justo etiquetar esos cambios de pensamiento como actos de debilidad, condescendencia o como una simple reacción visceral? ¿Estamos cometiendo el error de confundir el origen de un cambio con la validez de sus resultados?

Cuando una persona se adentra en el mundo de las adicciones, lo que pierde no es solo su salud, sino toda su estructura de vida. El “tocar fondo” es un momento de desolación absoluta donde la persona ha sido fracturada y aniquilada por la adicción.

Que alguien encuentre en la fe cristiana un soporte para reconstruirse no necesariamente debería ser visto como una forma de "escapismo", sino como una necesidad de redención y orden. Para muchos, esa conversión a la fe no es por un análisis intelectual teológico, sino por un simple intento de supervivencia.

¿Es menos válido un analgésico porque fue dado en el momento de mayor dolor? La transformación conductual que a menudo sigue a este proceso, la sobriedad, el servicio al prójimo y la recuperación de la identidad, es un hecho tangible en muchos casos.  

¿Juzgar el origen del cambio invalida al cambio mismo? Por el otro lado, encontramos al individuo que abandona la fe tras una crisis de sentido o una decepción institucional. Existe la tendencia errónea a minimizar el ateísmo como un “berrinche emocional” o una respuesta “inmadura” ante una estructura o sistema que ya no satisface.

Sin embargo, si analizamos con honestidad, el ateísmo, al igual que la fe, no siempre nacen de un estudio filosófico. A menudo nacen de la indignación moral o del descubrimiento de la inconsistencia entre la creencia y la realidad humana.

Cuando la religión deja de ser un lugar de consuelo para convertirse en un factor de represión o traumas, el rechazo a la fe es una respuesta intelectual natural de autoprotección mental. ¿Acaso es menos serio un ateísmo que nace del dolor que uno que nace del estudio académico?

El error común en ambos casos es exigir que las posturas existenciales nazcan de un profundo estudio, desprovistas de sentimientos, temor o circunstancias muy personales. Algunos esperan que la gente elija sus creencias o filosofías como quien elige un producto en un catálogo, con calma y objetividad, pero esto no es así.

Esta condición humana es casi por definición, una vivencia. Casi nadie llega a sus convicciones finales desde la neutralidad, casi todos llegamos a ellas a través de experiencias, razonamientos y de nuestras cicatrices de vida.

La conversión “por necesidad” puede ser, en cierta forma, un acto de humildad, pues es reconocer que esa aparente “autosuficiencia” ha fracasado. El desapego a una forma de pensar por frustración puede ser un auténtico acto de honestidad, pues es negarse a seguir una idea que ya no se siente como la verdad.

Etiquetar estas transiciones como "insuficientes" es una forma casi elitista que desprecia el dolor ajeno. Si un exadicto logra, a través de la fe, una vida plena y constructiva, o si un exreligioso encuentra, a través del ateísmo, una mejor ética humanista que le da mejor sentido a su existencia sin el sesgo del dogma, ¿quiénes somos nosotros para cuestionar su camino y trayectoria? Esos son los beneficios de la auténtica libertad de culto y de pensamiento.

El verdadero problema no es el “por qué” la gente cambia, sino el “qué hacen” con ese cambio. Si el cristianismo nacido de la adicción promueve el amor y la integridad, y si el ateísmo nacido de la frustración promueve la empatía y la razón, entonces ambos procesos han cumplido la función más noble de cualquier postura o filosofía: Salvar al individuo de su propia destrucción.

Pero si su aparente cambio lo utilizan para atacar y odiar a inocentes, en realidad sólo es una máscara que muestra el lado más oscuro de su ser. Conocemos a numerosos fanáticos religiosos que son reconocidos promotores de ideologías de odio, que sólo desean la destrucción y la muerte de quien no siga sus creencias; pero también hemos sabido de no creyentes que atacan a toda persona por el simple hecho de creer en alguna religión. Ambos casos son igual de malos, pero lo malo esta en ellos como individuos, no por su ideología.

Al final del día, las etiquetas no importan, lo que sí importa es la capacidad de reconstruirse desde las cenizas. Pues ya sea a través de la oración o del cuestionamiento, el ser humano siempre estará buscando lo mismo: Encontrar un suelo firme donde poder desarrollarse como persona dentro de la sociedad. 

Pero hay que madurar para poder darse cuente de esto. Ahí se las dejo de tarea.

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11 julio 2026

La homofobia solo es odio e ignorancia


Los sectores más conservadores han recurrido a una narrativa conveniente para justificar su odio y discriminación: La defensa de “la moral”, las “buenas costumbres” y el supuesto “orden natural”. Pero es una falsedad. 

Pero cuando se despoja a la homofobia de su aparente lenguaje moralista (religioso), lo que queda al descubierto no es una postura de principios, sino una combinación de dos carencias fundamentales de información y empatía. La homofobia no es una opinión moral, es odio e ignorancia disfrazados de virtud.

Para justificar que el rechazo a la diversidad sexual es un “asunto moral”, primero habría que ignorar décadas de consenso científico. La ciencia ha demostrado, de forma contundente, que la orientación sexual es una variante natural de muchas formas de vida, entre ellas la humana. Por eso la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales en 1990, y la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) lo hizo mucho antes, en 1973.

Hay miles de especies que presentan homosexualidad entre sus individuos, y ninguna está en peligro de extinción por ello; pero sólo el ser humano presenta la patología de la homofobia. Insistir en que es una "desviación" o una "elección corrupta" no es defender una postura ética; es negar la realidad por necedad e ignorancia. La ciencia siempre ha sido, y será, progresista, nunca será retrógrada, por eso los conservadores oscurantistas la detestan tanto y buscan tergiversarla. 

El falso argumento de la "protección de la familia" o de los "valores tradicionales" suele ser el escudo favorito de quienes odian a sus prójimos. Se presenta el prejuicio como un falso acto de “resistencia heroica” ante la supuesta degradación de la sociedad.

Pero los datos reales muestran que el verdadero peligro para el tejido social no es el amor libre, sino el odio que se vierte contra él. De acuerdo con informes globales de derechos humanos, las tasas de suicidio, depresión y ansiedad en jóvenes LGBTQ son drásticamente más altas debido al rechazo familiar y social, no a su orientación. El discurso homofóbico daña vidas reales; y la moralidad, se supone, busca todo lo contrario.

Utilizar una falsa moral para enmascarar el desprecio al prójimo es una vieja estrategia de control social. En su momento, se utilizó la moral y la religión para justificar la esclavitud, para prohibir el voto de las mujeres y para segregar a las personas por su color de piel. Con el tiempo la sociedad entendió que esas viejas costumbres oscurantistas eran en realidad síntomas de vil barbarie. Lo mismo ocurre hoy con la homofobia. No hay nada moral en negar derechos civiles, en segregar o en violentar a alguien por a quién se ama o por quién es.

La verdadera moralidad se mide por la capacidad de convivir en la diversidad, de garantizar la dignidad humana y de no causar daño al otro. Desplazar el discurso del prejuicio hacia el terreno de la ética es charlatanería pura y dura, que no se sostiene por si misma.

Es hora de llamar a las cosas por su nombre: Quien discrimina a una persona por su orientación sexual no está protegiendo ningún valor supremo, solo está exhibiendo sus traumas y complejos, y su profunda incompetencia para tener empatía. 

Que todos tengan una muy bella y desmitificante noche.


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04 julio 2026

Sí se puede negar lo que no existe


El ya muy gastado argumento apologético que intenta acorralar al no creyente con una maroma retórica, que dice “Si dios no existe, ¿por qué gastas tanta energía en negarlo? No se puede negar lo que no es”. Es una mera trampa dialéctica atractiva, pero profundamente falaz. Reducir el ateísmo a una simple reacción dependiente de la deidad es absurdo.

 

El ateo no despierta cada día necesitando la figura de un dios para definir su postura. El ateísmo no es un capricho, es el resultado de observar y analizar la realidad del mundo tal y como se presenta, sin filtros metafísicos. Es una conclusión lógica, es una evolución intelectual, no un antagonismo ideológico como algunos lo quieren ver. Así como los niños al madurar dejan de creer en hadas y duendes, algunos adultos maduran más y dejan de creer en dios.

 

Para negar algo se necesita mencionarlo, así podemos negar la existencia de orcos, elfos, dragones y fantasmas, y eso no valida su existencia; igualmente podemos negar la existencia de “dios”, y con mayor razón negarlo si ese dios necesita que creamos en él para que “exista”, pues sólo la mentira exige que se crea en ella para que siga existiendo, pues de lo contrario desaparecería.

 

Seamos claros, no está mal creer en dios. La fe, cuando es un motor de compasión, bondad, ética personal y consuelo, es un aspecto absolutamente respetable de la vida humana. El problema real jamás ha sido la creencia en dios, sino la imposición religiosa a la fuerza, eso sí es un verdadero peligro social.

 

Pretender que las leyes de un país se arrodillen ante los dogmas de una sola fe, vulnerando las libertades y los derechos humanos de todos los demás, eso es una tiranía. Cuando el dogma religioso intenta legislar sobre cuerpos y vidas ajenas, coartar el conocimiento o recortar derechos civiles, deja de ser espiritualidad para convertirse en dictadura. Ahí es donde surgen esas banderas rojas que deben ser combatidas.

 

Resulta paradójico mirar a quiénes son los primeros que protestan con antorchas contra los no creyentes. Los ataques más abominables hacia la libertad de pensamiento no provienen de mentes espirituales maduras, sino de individuos malignos y perversos, de fe débil. Sólo los fanáticos, esos adictos a las patrañas, atacan a los que las refutan, como los drogadictos atacan a quienes les quieren quitar la droga.

 

Sólo aquellos cuyas creencias son frágiles y débiles experimentan repulsión ante el escéptico que no cree en ellas, casi como si fuera una amenaza existencial, pero eso refleja su propia oscuridad existencial. Son como los vampiros que repudian la luz del sol. Por eso el fanático necesita que todos crean en sus patrañas para convencerse a sí mismo de que su fe es real y que él tiene “la razón”. Su soberbia es la auténtica fuente de la “fuerza de su fe”.

 

Pero por el contrario, un individuo con una fe sólida y madura no busca cruzadas ni necesita debates apologéticos, pues no se siente vulnerado por el que piensa distinto. Quien posee entereza y una convicción profunda busca vivir en paz y armonía con sus semejantes, sabiendo que sus creencias no dependen de lo que hagan o digan otros.

 

Al final del día, la madurez de una sociedad se mide por su capacidad de coexistir. Ni el ateo necesita a dios para afirmar su razón, ni el creyente verdadero necesita el silencio del ateo para sostener su fe. La libertad de creer es idéntica a la libertad de no creer, y entender esto no es una cuestión de teología, sino de pura y simple humildad.

 

Ahí se las dejo de tarea.

 

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29 junio 2026

Los ateos no necesitan a dios


 

En el terreno del debate filosófico pocos recursos retóricos han sido tan mal empleados como la falacia de Miguel de Unamuno, esa de "Hasta un ateo necesita a Dios para negarlo". Pésima falacia, y más viniendo de un “filósofo”.

A primera vista es una aparente paradoja que pareciera acorralar al no creyente en una red de contradicciones lingüísticas. Pero atrás del barniz “intelectual” se esconde una terrible falacia de petición de principio, que no solo es lógicamente endeble, sino que se derrumba ante el escrutinio.

Según la premisa de Unamuno, al pronunciar la negación, el ateo otorga una “validez existencial” a aquello que intenta invalidar. Es un juego de palabras dialéctico que pretende “obligar” al ateo a aceptar que, si el concepto de "dios" es necesario para la gramática de la negación, entonces el objeto de esa negación debe tener una “realidad inherente”. Es una falacia que intenta ganar el debate por decreto, transformando una herramienta semántica en una falsa prueba ontológica.

Para desmontar esa simple ilusión, simplemente es necesario presentar la siguiente analogía: Un ateo no necesita a dios para negarlo, así como un médico no necesita al cáncer para curarlo. Parece moraleja, pero eso sí es la realidad.

El error fundamental de la frase de Unamuno radica en querer confundir la existencia de una idea con la existencia de una entidad mitológica, que a todas luces no existe, y más si se necesita de este tipo de falacias para sustentarlo. Recordemos que sólo la mentira necesita sofismas y patrañas para sobrevivir.  

La idea de “dios” sólo existe en el discurso humano, pues sólo es un constructo cultural, fuera de la sociedad humana no existe lo “divino”. El ateo no niega que la gente crea en dios, niega que dios exista como una entidad suprema más allá de esas simples creencias.

Utilizar la palabra “dios” para negarlo no es un acto de fe invertida, sino un ejercicio de precisión comunicativa. Es el uso de una etiqueta cultural para señalar un vacío. Un médico oncólogo puede hablar extensamente sobre el cáncer sin que el cáncer gane honor o dignidad por el hecho de ser nombrado, simplemente lo está situando en el plano de lo que debe ser analizado.

¿Por qué se insiste tanto en que el ateo "necesita" a dios? Simplemente porque la frase ofrece un consuelo reconfortante para el creyente, la idea de que su “divinidad” es tan ineludible que incluso sus detractores están rindiéndole tributo al hablar de “él”. Es un mecanismo de autoengaño, un sesgo cognitivo, que busca convertir esa ausencia en una forma de “presencia”.

La honestidad intelectual exige reconocer que la negación es un acto autónomo, la ausencia de algo no requiere que ese "algo" haya tenido que existir alguna vez para ser negado. Podemos negar la existencia de duendes, hadas, fantasmas o elfos, y para hacerlo hay que mencionarlos, pero en ningún momento estamos validando su existencia mediante el simple acto de nombrar.

La "necesidad" de dios de la que hablaba Unamuno es puramente gramatical, no existencial. El ateo es un simple consultor que examinó el tejido del mundo y determinó que lo sobrenatural o divino no tiene ningún fundamento. Y según algunos, igual que el médico que trabaja para erradicar la enfermedad, su labor no es una validación de la patología, sino un acto de higiene racional frente a ella.

La próxima vez que se nos diga que nuestra negación es una forma de “devoción”, recordemos la moraleja: La existencia de la palabra no es la prueba del objeto mencionado. Creer no es crear, eso es charlatanería.

Desmontar el mito de lo divino es, sencillamente, un paso hacia la claridad mental de un mundo que se explica a sí mismo. Pues sólo somos el universo que se mira a si mismo.

 

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27 junio 2026

La mano de obra migrante sostiene al mundo



Sin la fuerza laboral migrante, las economías más ricas del planeta colapsarían. Mientras campañas electorales de políticos imperialistas se inundan de promesas sobre muros más altos, deportaciones masivas y un control fronterizo militarizado, las cocinas de sus restaurantes, los campos de cultivo y los motores de sus empresas muestran una realidad distinta.

 

Lejos de ser una carga, la migración se ha convertido en el pilar silencioso que sostiene el estilo de vida y el crecimiento del llamado “Norte Global”. Las grandes potencias no solo dependen de ella, en muchos casos, se aprovechan de su vulnerabilidad jurídica para maximizar beneficios.

 

El caso de Estados Unidos es el más paradigmático. Según datos del Pew Research Center y del Departamento de Agricultura de EUA (USDA), aproximadamente la mitad de los trabajadores agrícolas del país son indocumentados. Frutas y verduras que llegan frescas a los supermercados de Michigan, Nueva York, Washington o California son recolectadas por gente que carecen de estatus legal. Sectores como la construcción, la hotelería y el cuidado de personas mayores, un sector crítico ante el envejecimiento demográfico, están sostenidos por mano de obra extranjera.

 

Durante la pandemia de COVID-19, el propio gobierno estadounidense clasificó a gran parte de esta fuerza laboral como trabajadores esenciales, pero paradójicamente muchos de ellos hoy siguen siendo deportables.

 

En Europa el panorama no es distinto, países como España, Francia, Italia y Grecia dependen de los migrantes para sostener su competitividad agrícola en la Unión Europea. Economías como la de Alemania o Suiza, con un severo declive demográfico, reconocen abiertamente la necesidad de atraer a más trabajadores extranjeros para mantener su sistema de pensiones y su capacidad industrial.

 

¿Por qué el sistema prefiere mantener a millones de personas en la irregularidad en lugar de regularizar su situación? La respuesta es netamente económica (capitalista): La vulnerabilidad es rentable.

 

Un trabajador sin papeles es un trabajador que difícilmente denunciará abusos laborales o salarios por debajo del mínimo por miedo a la deportación, no genera costos de seguridad social o prestaciones de desempleo para las empresas que los contratan, acepta jornadas extenuantes y condiciones deplorables que la mano de obra local rechazaría.

 

Esa desigualdad e injusticia permite a las economías desarrolladas mantener los precios de los servicios y alimentos artificialmente bajos, por medio de la sobre-explotación de los migrante. Es un secreto a voces, el sistema capitalista ha diseñado una subclase trabajadora global que asume los costos de la producción sin disfrutar de los derechos de la ciudadanía: Los migrantes.

 

Uno de los argumentos más recurrentes de la retórica antiinmigración es las supuestas “perdidas” que los migrantes causan al erario público. Sin embargo, los estudios económicos rigurosos desmienten totalmente esa idea. Instituciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han demostrado que la contribución fiscal de los migrantes es muy considerable.

 

En EUA, el Institute on Taxation and Economic Policy (ITEP) estima que los inmigrantes indocumentados pagan millones de dólares anuales en impuestos estatales y locales para servicios y pensiones que lamentablemente, ellos mismos no podrían reclamar.

 

En España los migrantes son fundamentales para la economía y el sistema de bienestar. Ellos aportan cerca del 10% de todos los ingresos de la Seguridad Social y representan el 25% del crecimiento del PIB, ayudando a sostener el mercado laboral frente al envejecimiento poblacional.

 

Ese discurso que usa esa patraña de la “soberanía nacional” y el rechazo al extranjero funciona muy bien para ganar elecciones usando a las masas incultas e ignorantes; pero la realidad económica siempre termina imponiéndose por encima de esos cuentos.

 

Las grandes potencias industriales se encuentran atrapadas en su propia hipocresía, pues exigen fronteras cerradas en los mítines políticos, pero mantienen las puertas traseras abiertas en los centros de producción. Criminalizar al migrante mientras se depende de su sudor para mantener el Producto Interior Bruto no es solo un acto de miopía económica; es una profunda quiebra moral.

 

Si las potencias económicas quieren seguir compitiendo y sobreviviendo en el siglo XXI, deben dejar de tratar la migración como una crisis invasiva y empezar a gestionarla como lo que realmente es: El recurso vital que mantiene a los grandes países en pie.

 

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