Praga es considerada por muchos como la ciudad más bella del mundo, y por mucho una ciudad totalmente cosmopolita. Pero en el panorama europeo, donde los gobiernos autoritarios de países vecinos o la inestabilidad política regional suelen ocupar los titulares, la bella Chequia (República Checa) suele erigirse como un bastión de pluralismo y garantías democráticas.
Bajo la superficie de un país excomunista, hoy reconocido globalmente por la solidez de sus instituciones, la libertad de expresión y la pluralidad de pensamiento, uno de sus mayores valores, atraviesan un periodo de reconfiguración silenciosa pero crítica.
En el Índice Mundial de Libertad de Prensa elaborado por Reporteros Sin Fronteras, Chequia se posiciona entre las naciones más avanzadas del mundo ubicándose en el lugar 10 del top global. De forma paralela, el informe de la organización Freedom House (Freedom in the World) ubican a la República Checa en la categoría de “país libre”, otorgándole la destacada puntuación global de 95 sobre 100, algo que ya quisieran muchos otros.
El derecho a expresar libremente las ideas, la protección constitucional contra la censura y el ejercicio del debate público son principios firmes. Una comunidad bien informada, mayoritariamente no creyente, con una firme tendencia progresista y con un respetuoso afecto a su pasado, hace de Chequia un país ejemplar por encima de muchos otros más comercializados.
Teniendo a Radio Praga Internacional como un bastión de la libertad de expresión, es un país del que hay mucho que aprender. Pues ellos han aprendido que la libertad cuesta, pero hay que mantenerla, y como nos dijo Daniel Ordoñez, Jefe de la Red de Lenguas Romances de Radio Praga Internacional "es lo más preciado que tenemos para nuestras vidas".
No obstante, existe la persistencia de cierta retórica antiliberal y la influencia de poderosos grupos empresariales dentro de la esfera política. A pesar de que el panorama mediático checo es diverso, el principal obstáculo para la pluralidad de pensamiento no proviene de la censura estatal directa, sino de la concentración de la propiedad de los medios.
Durante los últimos años aumentó el poder de ciertos grupos financieros que adquirieron importantes medios de comunicación. La sombra de la interferencia editorial en beneficio de los intereses económico-políticos ahora está muy presente en la percepción pública.
Como es frontera estratégica de la Unión Europea, y siendo objetivo recurrente de operaciones de muy distinta propaganda tras la invasión rusa de Ucrania, Chequia se ha visto forzada a proteger su espacio informativo. El debate constitucional sobre cómo combatir las campañas de ideologías de odio y desinformación sin vulnerar la libertad de pensamiento es intenso.
Recientemente se prohibió por ley la promoción tanto del nazismo como del comunismo, el Código Penal checo regula este aspecto en sus artículos sobre la represión de movimientos que suprimen los derechos humanos y las libertades. La legislación sanciona explícitamente a quien funde, apoye o promueva públicamente ideologías y movimientos totalitarios, citando expresamente al nazismo y al comunismo. La promoción o difusión pública de estas ideologías totalitarias, así como la apología de sus crímenes o el uso de sus símbolos con fines propagandísticos, conlleva penas de varios años de prisión.
Aunque la integridad física de los periodistas está garantizada y los casos de ataques a la prensa han disminuido bastante en comparación con años anteriores, la estigmatización de la prensa crítica por parte de ciertos líderes político-empresariales sigue siendo una herramienta recurrente.
El cuestionamiento sistemático al periodismo de investigación como si fuera un "enemigo " o un "agente partidista" busca erosionar la confianza de la ciudadanía en las fuentes de información independientes, fomentando la polarización en las redes sociales. A pesar de eso República Checa se mantiene como una de las democracias más sólidas y plurales de Europa. El dinamismo de sus medios independientes, el trabajo de sus excelentes periodistas de investigación, y la independencia de sus tribunales ejercen un contrapeso eficaz. Algo que México debería de imitar.
El estado actual de la libertad de expresión en Chequia demuestra que la ausencia de censura estatal directa no equivale a la ausencia de riesgos, pues la estabilidad de su libertad de pensamiento dependerá de la capacidad del Estado y la sociedad civil para salvaguardar su independencia editorial frente a los grandes poderes económicos y garantizar que la lucha contra la posverdad de grupos conservadores y la desinformación neo-fascista no comprometa los principios democráticos que fundaron esa gran nación.
Que todos tengan una muy bella y desmitificante noche.
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