15 junio 2024

¿Por qué la gente cree en ángeles y fantasmas?



A pesar de que no existe ninguna evidencia de la existencia de ángeles, fantasmas, duendes y hadas, mucha gente sigue creyendo en ellos como si se tratara de seres reales de nuestro mundo.

Hay varias razones por las cuales las personas continúan creyendo en ese tipo de seres mitológicos. Algunos lo hacen por herencia cultural y tradición, muchas de estas creencias se transmiten a través de generaciones como parte de la cultura, la religión y la tradición de una sociedad en particular. La influencia cultural puede ser muy poderosa y persistente en algunos casos.

En muchas ocasiones, las creencias en seres mitológicos surgen como explicaciones para fenómenos desconocidos o inexplicables. La necesidad de explicación es lo que ha impulsado a algunos a crear estos mitos. Por ejemplo, la creencia en fantasmas puede surgir como una forma de entender las apariciones inexplicables o los sonidos extraños.

No hay que confundirlo con la falsa “necesidad de creer en algo”. El ser humano no necesita creer en nada, por su propia naturaleza inquisitiva el ser humano lo que busca es explicaciones a todo, pero algunas veces por ignorancia y por temor, nuestra mente inventa explicaciones “fuera de nuestro alcance”, porque así nos pareció adecuado en ese momento.  

Por otro lado, para algunas personas, la creencia en dios, ángeles u otros seres sobrenaturales puede brindar consuelo o esperanza en momentos de dificultad o pérdida. La idea de que existe un poder superior o seres benevolentes que cuidan de ellos les puede ser muy reconfortante en momentos difíciles.

Para algunas personas, las experiencias personales, como presuntos avistamientos de ángeles, demonios o supuestos encuentros con duendes o fantasmas, pueden reforzar su creencia en estos seres. Estas experiencias son muy subjetivas y difíciles de explicar de manera objetiva, pues siempre se cae en el terreno de la superstición y la mitología.  

Muchos de esos casos, de aparentes encuentros, se dan en circunstancias muy “especiales”, como crisis emocionales, pero debemos ser muy realistas en esto, muy frecuentemente los sentidos son fácilmente engañados por nuestras emociones y por nuestra imaginación, de ahí surge la famosa frase de “sólo se ve lo que se quiere ver”, ya sea para bien o para mal.

Como ya explicamos, las creencias en los seres mitológicos pueden surgir de la necesidad humana de encontrar sentido a la vida y el deseo de trascendencia. La idea de que existen seres sobrenaturales, como un dios y sus ángeles, que trascienden la realidad terrenal, puede proporcionar un sentido de conexión con algo más grande que uno mismo.

Las creencias en seres preternaturales o sobrenaturales persisten por una variedad de razones, que van desde la influencia cultural hasta la necesidad de encontrar consuelo y sentido en la vida, aunque en muchos casos también es por tratar de rellenar vacíos existenciales en las vidas de esas personas.

Aunque estas creencias no estén respaldadas por evidencia científica, siguen siendo significativas para muchas personas en todo el mundo. Transmitir esas creencias forma parte del folklor de muchas regiones del mundo, pero nunca se debe de intentar de imponer a la fuerza a otros, pues recordemos que sólo son creencias, no son realidades.

Y la creencia vive hasta que choca con la realidad.

Que tengan una desmitificante noche.

14 junio 2024

Nunca existió la Nada



En el vasto y misterioso universo, la idea de la "Nada" ha fascinado a filósofos, científicos y pensadores durante siglos. Pero, ¿qué significa realmente la "Nada"? Y más intrigante aún, ¿ha existido alguna vez? Basándonos en la Ley de Conservación de la Materia, vamos a hacer un pequeño análisis de esto para explorar esta profunda duda.

Recordemos que una teoría científica es la explicación de un fenómeno natural ya demostrado, como la teoría de la evolución, y la ley científica es la descripción de un fenómeno natural constatable, como la ley de la gravedad. 

Para entender cómo esto se relaciona con la idea de la "Nada", es crucial considerar la Ley de Conservación de la Materia. Esta ley fundamental en la física establece que la materia no puede ser creada ni destruida, solo transformada, y eso fue demostrado por el científico francés Antoine Lavoisier en 1785. 

Esta ley señala que en cualquier sistema aislado, la cantidad total de materia y energía permanece constante a lo largo del tiempo, incluso durante eventos cósmicos monumentales como un Big Bang o un Big Crunch.

Esta ley nos dice que, si seguimos la evolución de todo lo que constituye nuestro universo, desde la energía oscura hasta las galaxias, estrellas y planetas, siempre encontraremos que la cantidad total de materia y energía se conserva.

La evolución natural del universo entero quedó demostrada con la Ley de Información Funcional Creciente, que señala que donde si una configuración novedosa, en cualquier sistema o plano de la naturaleza, va bien y mejora su función, entonces evoluciona.

Ahí es donde la Teoría del Big Bounce (Gran Rebote) nos viene a la mente. Una fascinante propuesta en cosmología que sugiere que nuestro universo actual es el resultado de un ciclo eterno de expansión y contracción. En otras palabras, el universo se recicla. 

En esta visión, después de que el universo se expanda hasta cierto punto, comienza a contraerse bajo la influencia de la gravedad. Esta contracción eventualmente culmina en un "Big Crunch", una densidad infinita donde toda la materia y la energía del universo se colapsan en un punto singular.

Sin embargo, en lugar de ser el final definitivo, este punto marca un nuevo comienzo. En lugar de un Big Bang singular, se postula que este punto de densidad infinita da lugar a un "Big Bounce", una nueva expansión que inicia otro ciclo cósmico. Este proceso continúa indefinidamente, creando una serie de universos en ciclos sucesivos de expansión y contracción.

Entonces, ¿cómo se relaciona esto con la idea de la "Nada"? Desde la perspectiva de la Teoría del Big Bounce y la Ley de Conservación de la Materia, parece que la Nada pura, en el sentido de una ausencia total de todo, no puede haber existido. Incluso en el punto de máxima contracción durante un Big Crunch, donde toda la materia y la energía están comprimidas en un espacio infinitesimal, la cantidad total de estas entidades sigue existiendo.

En el contexto de los ciclos del Big Bounce, la Nada pura sería una ruptura de la Ley de Conservación de la Materia, lo cual es incompatible con nuestra comprensión actual del universo. Cada fase de expansión y contracción está marcada por la transformación de la materia y la energía, pero nunca por una creación a partir de la Nada absoluta.

Por momentos esto recuerda al mito de la creación y destrucción repetitiva del mundo que narran algunas civilizaciones antiguas, como el mito del “Quinto Sol”. 

Así hemos llegado a una conclusión intrigante, basándonos en la Teoría del Big Bounce y la Ley de Conservación de la Materia, parece que la Nada, en el sentido de una ausencia total de todo, es un concepto que nunca pudo existir en nuestro universo.

Nuestro cosmos parece estar atrapado en un ciclo eterno de transformación, donde la materia y la energía continúan cambiando de forma, pero nunca se crean de la Nada absoluta. Esta idea desafía las creencias e ideologías sobre lo que significa el "no existir", planteando cuestiones aún más profundas sobre la naturaleza de la realidad y los aparentes límites de nuestro entendimiento.

En el tejido cósmico, entre los ciclos de expansión y contracción, parece que la Nada nunca ha sido y quizás nunca será más que un concepto abstracto en las mentes de aquellos que buscan entender el universo y nuestro lugar en él.

Entonces si nunca existió la Nada, por lo tanto, nunca existió un dios creador del todo. 

Ahí se las dejo de tarea. 

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05 junio 2024

Lo divino no es lo desconocido



Como dijo el gran físico estadounidense Lawrence M. Krauss, "La falta de entendimiento de algo no es evidencia de dios, sino evidencia de una falta de entendimiento”. Y así es.

Esta idea nos debería de invitar a reflexionar sobre la relación entre el desconocimiento que se tiene sobre el mundo y la atribución gratuita a lo “divino”. La frase en si misma encapsula la esencia del pensamiento crítico contemporáneo y la necesidad de abordar la ignorancia con auténtica humildad y curiosidad científica. 

Krauss, conocido por su trabajo en cosmología y física teórica, abordó con contundencia la tendencia humana de llenar los vacíos de conocimiento con explicaciones divinas. De ahí surge el llamado “dios de los huecos” tan recurrido por algunos creyentes que ponen a su dios donde ellos no conocen las respuestas. 

Al señalar que la falta de comprensión de algo no constituye evidencia de la existencia de un “ser supremo”, se destaca la importancia de la educación académica integral y el método científico para explorar y comprender el mundo que nos rodea. 

Tenemos que reconocer y aceptar la responsabilidad de todos aquellos que buscan, o que buscamos, comprender la realidad. En lugar de recurrir a explicaciones sobrenaturales para llenar los vacíos en nuestro conocimiento, nuestro pundonor nos debería de desafía a profundizar en la investigación y a emplear la razón y la evidencia empírica. 

Este enfoque, según la mayoría de los investigadores científicos, no solo amplía nuestro entendimiento, sino que también desmantela las nociones simplistas que buscan atribuir lo desconocido a lo divino. 

En última instancia, debemos dejar de lado a la pereza mental y recordar de que la exploración intelectual y científica del mundo que nos rodea es un camino valioso para superar la ignorancia y expandir nuestro conocimiento. 

En lugar de contentarnos con respuestas fáciles y cómodas, debemos abrazar la incertidumbre como un catalizador para la búsqueda incesante del conocimiento de la realidad, reconociendo que la falta de entendimiento no es un llamado a la fe ciega, sino una oportunidad para aprender y avanzar en nuestro entendimiento del universo. 

Ahí se las dejo de tarea.

25 mayo 2024

El show de la falsa espiritualidad


Hay quienes se ponen a rezar en las calles para que la gente las vea, para aparentar ser muy "espirituales" o "religiosos", pero la historia y la vida nos ha enseñado que en realidad quien presume de su fe, o de su religión, es que en realidad carece de virtudes y valores humanos.

En el trasfondo de nuestras sociedades, se observa una tendencia preocupante a la exhibición de la “fe” o la “religión” como una herramienta de autopromoción en lugar de ser un camino hacia la virtud, el bien y la compasión.

Este fenómeno se manifiesta de diversas formas, desde la ostentosa oración de rodillas en plena vía pública hasta las declaraciones mediáticas de devoción religiosa. Sin embargo, debajo de esta fachada resplandeciente, a menudo yace una carencia alarmante de valores humanos fundamentales.

Esto ya es muy común verlo en los políticos de derecha conservadora y en los grupos promotores del fanatismo religioso. La práctica de rezar en las calles, no por devoción genuina, sino por el deseo de ser visto y admirado, o incluso para hostigar a ostros con los rezos, refleja una preocupante distorsión de la espiritualidad.


Esta exhibición pública de falsa “piedad” puede parecer impresionante a primera vista, pero al escudriñar más allá de la superficie, revela una motivación profunda y netamente egoísta. Aquellos que recurren a tales actos buscan más la validación externa que una conexión espiritual con “lo divino”.

La verdadera esencia de la fe y la espiritualidad radica en la humildad, la compasión y el servicio desinteresado a los demás. Sin embargo, cuando la fe se convierte en un espectáculo para la galería pública, se despoja de su poder transformador y se convierte en una mera herramienta de vanidad y autoafirmación.

Es fundamental comprender que la autenticidad religiosa no se demuestra mediante grandilocuentes gestos exteriores, sino a través de una vida de valores morales y éticos sólidos. La verdadera virtud no busca el reconocimiento público, sino que florece en la modestia y la integridad. Aquellos que constantemente alardean de su fe, probablemente están tratando de compensar una falta de autenticidad en sus acciones cotidianas, o tratan rellenar un abismo existencial en su interior.

En lugar de buscar la aprobación externa a través de una exhibición vacía de religiosidad, es hora de redescubrir el verdadero significado de la fe. Esto implica un compromiso profundo con la introspección, el crecimiento espiritual y la aplicación práctica de los valores enseñados por la mayoría de las tradiciones religiosas, como el amor, compasión, justicia y empatía.

La verdadera espiritualidad se manifiesta en las pequeñas acciones cotidianas, por ejemplo, en el cuidado por los demás, en la búsqueda de la justicia social y en el compromiso con la bondad y la compasión. En lugar de buscar atención y admiración en las calles y las redes sociales, deberían de esforzarse por vivir sus vidas de acuerdo con los principios más elevados de su fe, de manera discreta pero significativa.

No buscando imponer sus creencias a la fuerza en una comunidad que ya las ha abandonado por el progreso y el conocimiento, pues por esos actos de soberbia y arrogancia, alejarán mucho más a esa comunidad que buscan impresionar.

En última instancia, el verdadero valor de la religión no radica en cuánto se puede mostrar al mundo exterior, sino en cuánto se puede transformar las vidas propias y las de quienes les rodean. Ese es el verdadero misticismo espiritual.

Dejemos de lado la vanidad y la ostentación, y abracemos la humildad y la autenticidad en nuestro viaje espiritual. Solo entonces encontraremos la verdadera plenitud y significado en nuestras creencias espirituales, ya sean religiosas o no religiosas.

Ahí se las dejo de tarea.

22 mayo 2024

Fanatismo y crimen



Como ya lo hemos explicado, el crimen organizado y el fanatismo religioso, a pesar de parecer fenómenos muy distantes en su naturaleza y objetivos, comparten muchas características preocupantes que los hacen muy similares en su impacto negativo sobre la sociedad. 

Ambos operan bajo estructuras jerárquicas muy rígidas que demandan una lealtad ciega y absoluta de sus miembros, a menudo recurriendo a la intimidación, el acoso, la extorsión, el hostigamiento y al adoctrinamiento obligatorio para mantener el control de sus miembros y sus subyugados. 

Tanto el crimen organizado como los movimientos fanáticos religiosos explotan las vulnerabilidades de las comunidades, prometiendo “protección”,sentido de pertenencia o “salvación” a aquellos que se sienten marginados o'desesperados. 

Su influencia puede corromper y pervertir las economías locales, alterar el orden social y erosionar las instituciones democráticas mediante la manipulación tendenciosa, la corrupción, el hostigamiento a personas en vía pública, e incluso el uso de la violencia física. 

Un ejemplo de esto, es que hay grupos de “abogados religiosos” que está a favor de los abusos cometidos por fanáticos religiosos, apoyando, solapando y hasta defendiendo actos de odio que cometen en contra de la comunidad, poniendo como “mártires” o “santos” a los infractores, cuando en realidad sólo son viles hostigadores y acosadores de gente inocente. 

Otra cuestión que les hace similares, ambos hacen reuniones, como un“lobby”,  para compartir y presumir sus logros, hazañas y propuestas para derrotar o destruir a sus “contrincantes”,como recientemente ocurrió en una reunión realizada en España, en donde grupos de poder político-religioso (¿mafia?) se reunieron para despotricar contra quienes no los siguen ciegamente.    

Un dato curioso pero lamentable, es que algunos grupos del crimen organizado, y grupos de fanatismo religioso, se la dan, según ellos, de héroes del pueblo o salvadores de comunidades abandonadas, aprovechándose de la crisis, la pobreza o ignorancia de esas comunidades.  

Otro ejemplo son los que caen en la fanfarronería de victimizarse porque son multados o arrestados por bloquear la vía pública por estar rezando en la calle, sin haber solicitado algún permiso a la municipalidad para estar bloqueando la vialidad con sus actos de proselitismo religioso. Incluso algunoslo hacen de manera repetitiva, y todavía se quejan porque son multados por eso. 

Nadie les prohíbe rezar o creer en determinada mitología, pero para eso tienen sus templos y sus casas, la vía pública es para todos, no sólo para un grupo belicoso que no representa a la mayoría de la ciudadanía.      

Además, ambos fenómenos sociales, por sus conductas violentas, fomentan y se alimentan del miedo y la desinformación para manipular a la población y avanzar en sus agendas particulares, lo que dificulta aún más su erradicación. 

Otro factor que los hace muy similares, es que tanto el crimen organizado como los grupos de fanatismo religioso están en contra de la libertad de expresión y la libertad de pensamiento, pues tratarán de coartar y censurar por todos los medios toda idea que sea contraria a sus intereses particulares. 

Reconocer estas grandes similitudes en estos dos cánceres sociales es crucial para desarrollar estrategias más efectivas de prevención e intervención que aborden las raíces comunes de estos males sociales, para así poder extirparlos de la sociedad y evitar que sigan dañando a la humanidad. 

En México los religiosos ya causaron una guerra, y el crimen organizado otra, ya no queremos más guerras de ningún tipo. 

Ahí se las dejo de tarea.

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11 mayo 2024

Fanatismo religioso y Crimen organizado: Males similares

 


En el complejo tejido de la sociedad global contemporánea, hay dos fuerzas oscuras que a menudo se destacan como principales fuentes de discordia y desafíos para la paz y la estabilidad mundial; nos referimos a los fanáticos religiosos y al crimen organizado.

 

Si bien estos dos cánceres sociales parecen operar en esferas diferentes, ambos comparten características muy similares e igualmente preocupantes que los colocan en el centro de múltiples conflictos políticos y sociales en todo el mundo.

 

Los fanáticos religiosos se caracterizan por su compromiso extremo con la interpretación particular de una religión. Su fervor puede llevarlos a justificar acciones extremas en nombre de su fe, desde la discriminación hasta la violencia total. Estos individuos no representan para nada a las comunidades religiosas, pero su presencia y acciones pueden tener consecuencias devastadoras para todos.

 

El fanatismo religioso ha sido un motor clave detrás de conflictos a lo largo de la historia, desde las Cruzadas, la Guerra Cristera, hasta los conflictos contemporáneos en el Medio Oriente. La intolerancia de los religiosos contra quienes no sigan sus dogmas puede alimentar ciclos de violencia y represalias interminables, al grado de llegar a dividir familias y naciones.

 

Los fanáticos religiosos chocan con los valores de la sociedad moderna, incluida la igualdad de género, la libertad de expresión y la diversidad sexual. Dicen defender la libertad de culto, pero sólo la quieren para su culto. Su resistencia a la pluralidad de pensamientos puede socavar los derechos humanos fundamentales y dificultar la coexistencia pacífica.

 

En su forma más extrema, el fanatismo religioso puede manifestarse en actos terroristas, como ataques suicidas o masacres dirigidas contra “grupos rivales”. Estos actos no solo causan muerte y sufrimiento, sino que también socavan la estabilidad global, generan miedo y desconfianza. Muy similar a actos cometidos por el crimen organizado.

 

El crimen organizado representa otra faceta oscura del panorama global, caracterizada por estructuras clandestinas que buscan obtener ganancias a expensas de la ley y la seguridad pública. Aunque a menudo se asocia con actividades ilegales como el tráfico de drogas y el lavado de dinero, su alcance va mucho más allá.

 

El crimen organizado socava las instituciones democráticas al infiltrarse en gobiernos, fuerzas policiales y sistemas judiciales. La corrupción facilita sus operaciones y debilita la capacidad del gobierno para proteger a sus ciudadanos. 

 

Las organizaciones criminales no dudan en emplear la violencia como medio para lograr sus objetivos, ya sea eliminando a rivales comerciales, extorsionando negocios, intimidando a testigos o protegiendo sus territorios. Esta violencia puede generar un clima de miedo y desconfianza en las comunidades afectadas. De forma muy similar los fanáticos religiosos forman estructuras económico-político-religiosas para infiltrarse en las estructuras gubernamentales y empresariales para así imponer sus ideologías como leyes.

 

El crimen organizado puede tener efectos devastadores en la economía y el tejido social de las naciones. Desde la desestabilización de mercados legítimos, la consecuente pérdida de valores y virtudes humanas en la sociedad, hasta el empobrecimiento de comunidades enteras a través de la explotación, pues sus actividades ilícitas tienen ramificaciones a largo plazo.

 

Si bien los fanáticos religiosos y el crimen organizado representan desafíos significativos para la paz y la estabilidad global, abordar estos graves problemas va más allá de simples soluciones parciales. Requiere un enfoque multidimensional que combine medidas políticas, sociales, económicas y culturales.

 

La promoción de la educación integral, el diálogo interreligioso, el fortalecimiento de las instituciones democráticas y la cooperación internacional son solo algunas de las estrategias necesarias para abordar estas complejas realidades. Además, es fundamental abordar las causas subyacentes del fanatismo religioso y el crimen organizado, como la pobreza, la desigualdad, la falta de educación, la exclusión social e incluso el mal manejo de la salud mental.

 

En última instancia, enfrentar el desafío de los fanáticos religiosos y el crimen organizado requiere un compromiso a nivel global con los valores de la paz, la justicia y el respeto mutuo. Solo a través de un esfuerzo colectivo podremos aspirar a un mundo donde la tolerancia y la prosperidad sean la norma, en lugar de la excepción.

 

Ahí se las dejo de tarea.


09 mayo 2024

La evolución y la inteligencia




En la era del conocimiento y la información, la comprensión de la ciencia y, específicamente, de la evolución biológica del ser humano, es fundamental para la comprensión completa del mundo que nos rodea. La ciencia no solo nos proporciona herramientas para entender la naturaleza y los fenómenos que nos rodean, sino que también nos ayuda a discernir entre la realidad y la ficción, entre la evidencia y la superstición.

Uno de los pilares fundamentales de la biología moderna es la Teoría de la Evolución, formulada por el trabajo de Charles Darwin en el siglo XIX. Esta teoría explica cómo las especies cambian a lo largo del tiempo a través de procesos como la selección natural, la mutación y la deriva genética. Aplicada al ser humano, la evolución biológica nos ayuda a comprender nuestra propia historia como especie, desde nuestros ancestros primates hasta la diversidad de poblaciones humanas presentes en la actualidad.

Sin embargo, sorprendentemente, la comprensión de la evolución biológica sigue siendo deficiente en muchas partes del mundo. Algunas personas aún sostienen creencias creacionistas que niegan el proceso evolutivo, optando por explicaciones basadas en mitos religiosos en lugar de evidencia científica. Esto no solo obstaculiza la comprensión científica del mundo, sino que también puede limitar nuestra capacidad para abordar otros desafíos globales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, e incluso las enfermedades que pueden causar epidemias.

La comprensión de la evolución biológica del ser humano es esencial para diversas disciplinas, desde la medicina, la antropología hasta la psicología y la sociología. Por ejemplo, el estudio de la evolución nos ayuda a entender la anatomía y fisiología humanas, así como las enfermedades genéticas y la resistencia a los antibióticos. También nos proporciona una perspectiva única sobre el comportamiento humano, ayudándonos a comprender nuestras motivaciones, emociones y relaciones sociales.

La ciencia en general desempeña un papel crucial en la sociedad contemporánea. Vivimos en un mundo cada vez más dominado por la tecnología y la información, donde la comprensión científica es esencial para tomar decisiones informadas sobre temas que van desde la salud y el medio ambiente, hasta la política y la ética.

Ser un miembro educado de la sociedad implica tener una comprensión básica de los principios científicos y una capacidad para evaluar críticamente la información que encontramos en el mundo moderno.

Por lo que no se puede ser científicamente ilustrado, como algunos “influencers cristianos” presumen, sin comprender la evolución biológica del ser humano, ya que esta teoría proporciona una base fundamental para nuestra comprensión de la biología y el comportamiento humano.

Del mismo modo, no se puede presumir de ser un miembro educado de la sociedad sin tener al menos un entendimiento básico de la ciencia, ya que esta disciplina es esencial para abordar los desafíos contemporáneos y tomar decisiones informadas. Y sobre todo, para no ser presa de la charlatanería.

En última instancia, reconocer que figuras como Adán y Eva son parte de la mitología, no de la historia científica, es un paso crucial hacia una comprensión más profunda y precisa del Universo que habitamos.

Ovnis: ¿El Gran Fraude del Siglo XXI?




En plena era digital, donde la información fluye a velocidades vertiginosas y las teorías de conspiración se propagan con facilidad, uno de los temas que ha capturado la imaginación colectiva durante décadas es el de los ovnis y los extraterrestres.

A lo largo de los años, innumerables personas han afirmado haber presenciado avistamientos de naves espaciales y seres extraterrestres. Estos relatos han alimentado la especulación y han dado lugar a una subcultura que abarca desde entusiastas fanáticos de lo paranormal, hasta auténticos investigadores serios que sí resuelven casos, como los afamados Leopoldo Zambrano o Alejandro Franz.

Sin embargo, a pesar de la enorme abundancia de presuntos reportes, ¿existe realmente alguna evidencia tangible de la existencia de vida extraterrestre?

Desde la perspectiva científica, la respuesta es un rotundo no. A pesar de décadas de investigación y miles de informes, no se ha presentado una sola prueba irrefutable de la existencia de seres extraterrestres. Las imágenes borrosas de presuntos ovnis, las falsas momias alienígenas, los testimonios ambiguos y las supuestas abducciones son totalmente insuficientes para sostener una afirmación tan extraordinaria como la presencia de vida inteligente más allá de nuestro planeta.

Además, las teorías más recientes de la astrobiología ofrecen una perspectiva interesante sobre la posibilidad de vida extraterrestre. Según estas teorías científicas, las hipotéticas civilizaciones avanzadas podrían enfrentarse a desafíos similares a los que enfrentamos en la Tierra: el agotamiento de recursos y energía.

De hecho, algunos científicos sugieren que las hipotéticas civilizaciones extraterrestres podrían colapsar debido al agotamiento de sus propios recursos, lo que dificultaría su detección desde la distancia.

Este concepto, conocido por algunos como la Hipótesis del Gran Filtro. Plantea la idea de que hay barreras inevitables que impiden que las civilizaciones alcancen un nivel avanzado de desarrollo tecnológico y se expandan por el cosmos. Estas barreras podrían incluir catástrofes naturales, conflictos autoinfligidos (guerras) o el simple agotamiento de los recursos necesarios para la supervivencia.

Pero ¿qué nos dicen todas estas teorías sobre la aparente ausencia de evidencia de vida extraterrestre? Podría sugerir que las civilizaciones extraterrestres, si es que existen, podrían estar enfrentando desafíos similares a los nuestros, o ya han superado estos desafíos y han optado por una existencia más tranquila y sostenible, alejada de la mítica expansión cósmica.

En última instancia, mientras que los avistamientos de ovnis y los relatos de encuentros con extraterrestres pueden ser fascinantes y alimentar nuestra imaginación, es crucial mantener una actitud crítica y basada en la evidencia cuando se trata de temas tan extraordinarios como la vida en otros planetas.

Hasta que se presente una evidencia concreta y verificable, el mito de los ovnis y los extraterrestres seguirá siendo uno de los mayores mitos del siglo XXI. Pero todo indicaría que ya no son ningún misterio.

Que todos tengan una muy bella y desmitificante noche.  

29 abril 2024

La libertad de pensamiento bajo la sombra

 


En un mundo donde la libertad de creencias debería ser un derecho fundamental, aún persisten las sombras del temor y la represión para aquellos que optan por no seguir una fe religiosa.

 

Según se especula en distintos grupos de redes sociales a nivel mundial, se sugiere que, en secreto, cerca del 40% de la población mundial se identifica como "no creyente", una cifra mucho mayor al 16% o 19% que algunos estudiosos manejan. Sin embargo, la verdad es mucho más compleja y sombría. De este 40% mencionado, al menos la mitad no puede expresar abiertamente su postura por temor a sufrir devastadoras consecuencias.

 

El miedo a represalias, ya sea por parte de grupos extremistas o incluso de sus propias familias, silencia a una parte significativa de los no creyentes. En muchos lugares, la apostasía o la simple declaración de no adherencia a una religión dominante les puede llevar a la discriminación e incluso hasta la muerte.

 

Los grupos de odio, conservadores fascistas de extrema derecha, enquistados en las esferas del poder y en las sombras de la sociedad, representan una amenaza constante para aquellos que se atreven a desafiar las normas religiosas establecidas. Desde el acoso en línea hasta la violencia física, los no creyentes enfrentan un panorama desolador donde la libertad de expresión es un lujo peligroso. Debemos de recordar que la fe no se respeta, se respeta a las personas.

 

Grupos de ideologías de odio los hay de todo tipo, los hay judíos, islamistas y hasta cristianos. Hay “influencers católicos” muy aferrados a atacar a todo movimiento que no cuadre con sus ideologías, al grado de lanzar amenazas y “condenar al Infierno” a quien no siga su discurso de odio, pues todo lo que ellos hacen, según ellos, es porque siguen “la palabra de dios”.  

 

La presión social también juega un papel crucial perpetuando de este ocultamiento. Muchos individuos temen la pérdida de sus relaciones familiares, su estatus social o incluso su empleo si revelan su falta de creencia. En algunos casos, la mera sospecha de ateísmo puede ser suficiente para desencadenar un torrente de hostilidad y ostracismo. Miembros de distintas agrupaciones religiosas cristianas han sido denunciados en redes sociales por actos de este tipo. 

 

La falta de datos precisos sobre la población no creyente subraya aún más la magnitud del problema. La mayoría de los censos y encuestas no abordan adecuadamente esta cuestión delicada, lo que dificulta la comprensión real de la dimensión del fenómeno.

 

Ante esta realidad, urge un cambio cultural y social que promueva la aceptación y el respeto hacia todas las formas de creencia y no creencia. La auténtica libertad de pensamiento debe ser un derecho inalienable para todos, y la persecución de aquellos que eligen no profesar ninguna fe debe ser condenada enérgicamente.

 

Es responsabilidad de la sociedad en su conjunto, de los líderes políticos y religiosos, promover un ambiente donde los no creyentes puedan expresar su postura sin temor a represalias. Solo así podremos avanzar hacia un mundo donde la diversidad de creencias sea celebrada y donde la sombra del miedo no opaque la libertad de conciencia.

 

Todos esos “religiosos” promotores de discursos de odio en redes sociales deberían de ser un ejemplo de paz, amor y solidaridad, pero en realidad son ejemplos de odio, rencor y prejuicios. Mientras ellos sigan con sus discursos, no podrá haber una auténtica libertad de pensamiento en el mundo.  


24 abril 2024

La obsoleta Doctrina Estrada

 


En el complejo entramado de las relaciones internacionales, cada país busca definir estrategias que protejan sus intereses y aseguren su estabilidad en el escenario global. La Doctrina Estrada, una política emblemática de México que aboga por la no intervención y la autodeterminación de los pueblos, es tema de debate en cuanto a su funcionalidad y aplicación en la actualidad.

 

Formulada por el diplomático mexicano Genaro Estrada en el año de 1930, la Doctrina Estrada ha sido considerada un pilar de la política exterior mexicana. Su principio fundamental sostiene que México no reconoce la autoridad de gobiernos extranjeros, manteniendo relaciones con otros países independientemente de su sistema político interno. Esta postura, en teoría, promueve la no injerencia en asuntos internos de otras naciones y busca preservar la paz y la estabilidad regional.


En otras palabras, México no opina, juzga ni califica asuntos de otros países, así que otros países no deben de opinar, juzgar ni calificar asuntos que ocurran en México.  

 

Sin embargo, en el contexto contemporáneo, donde la interdependencia entre países cada vez es más evidente, y los conflictos locales tienen repercusiones globales, la aplicabilidad de la Doctrina Estrada ha sido puesta en duda. La idea de que los asuntos internos de un país no afectan a otros se enfrenta a la realidad de un mundo cada vez más conectado.

 

En la era de la información instantánea y la globalización, los acontecimientos en un rincón del mundo pueden impactar rápidamente en otros lugares. Crisis humanitarias, conflictos armados, desastres naturales o violaciones a los derechos humanos ya no pueden considerarse como problemas aislados que no conciernen al resto de la comunidad internacional.

 

La Doctrina Estrada se enfrenta al escrutinio público y a la creciente demanda de transparencia y rendición de cuentas. En un mundo donde la información fluye libremente y la opinión pública puede influir en las políticas gubernamentales, la idea de que los asuntos internacionales sean exclusivamente manejados por los gobiernos sin la participación ciudadana se vuelve cada vez más difícil de sostener.

 

La Doctrina Estrada, en su forma original, es totalmente obsoleta en un mundo donde la cooperación internacional y la solidaridad entre naciones son cada vez más valoradas e importantes. La crisis climática, la pandemia de COVID-19 y otros desafíos globales requieren respuestas colectivas y coordinadas que trasciendan las fronteras nacionales y promuevan la colaboración entre países.

 

Hoy estamos viendo como conflictos como la invasión del gobierno ruso a Ucrania, o los ataques de Israel a Gaza, que han puesto a temblar a las monedas y a subir el precio de los metales, al grado de aumentar el costo de la construcción de viviendas en todo el mundo, incluso en México. O como lo ocurrido con la disputa entre México y Ecuador, en donde el primero en fallar fue el Gobierno de México al darle asilo a alguien que por sus antecedentes penales no debió haber sido asilado en la embajada. 

 

Algunos defensores de la Doctrina Estrada argumentan que, si bien es necesario adaptarse a los nuevos desafíos del siglo XXI, los principios de respeto a la soberanía nacional y la no intervención siguen siendo relevantes. Abogan por una reinterpretación de estos principios que reconozca la interdependencia global y promueva la cooperación internacional sin comprometer la autodeterminación de los pueblos. Pero si la gente no tiene medicinas, ni agua, ni comida, ¿para qué le sirve la "soberanía"?

 

Si bien la Doctrina Estrada ha sido un elemento central en la política exterior de México durante décadas, su funcionalidad en el mundo actual está puesta en duda. En un contexto de creciente interconexión y demanda de transparencia, es necesario replantear sus principios para adaptarlos a los desafíos y oportunidades de la era global. La no intervención y el respeto a la soberanía nacional pueden coexistir con la necesidad de cooperación internacional y la protección de los derechos humanos en un mundo cada vez más interdependiente.

 

El gobierno de un país no puede quedarse en silencio mientras el de otro país comete atrocidades contra otro país, o contra su propio pueblo. El deber ético es dictar un juicio de valor sobre todo lo que afecte a otros de manera injusta. No estamos solos en el mundo, nadie está realmente solo.

 

Que todos tengan una muy bella y desmitificante noche.