Karol
Wojtyła es recordado como una de los líderes religiosos más influyentes del
siglo XX, sin embargo, debajo de la túnica blanca del "Papa Peregrino",
emergen expedientes y testimonios que sugieren una realidad mucho más oscura y
terrenal, que para muchos es profundamente dolorosa.
Para
empezar, recordemos el vínculo entre Juan Pablo II y el fundador de los
Legionarios de Cristo, el abominable Marcial Maciel, que para muchos es el
punto más oscuro de su pontificado. A pesar de que las denuncias por abusos
sexuales, adicción a la morfina y la paternidad “oculta” de Maciel, llegaron al
Vaticano desde la década de los 1950’s, Wojtyła lo mantuvo como un
"apóstol de la juventud".
Investigaciones
recientes, incluyendo archivos desclasificados de la “Santa Sede”, sugieren que
el círculo cercano del Papa, encabezado por el cardenal Angelo Sodano, bloqueó
activamente las quejas de las víctimas de abuso.
Documentos
de la época en que Wojtyła era arzobispo de Cracovia, descubiertos por el
periodista Ekke Overbeek, indican que también trasladó a sacerdotes abusadores
a otras parroquias para evitar el escándalo público, años antes de ser electo
Papa. No fue sino hasta que Juan Pablo II estaba en su lecho de muerte que el
cardenal Ratzinger, futuro Benedicto XVI, pudo iniciar el “proceso
disciplinario” contra Maciel.
Otro
caso, el del sacerdote español Cesáreo Gabaráin, conocido mundialmente por
componer himnos religiosos como "Pescador de Hombres", es uno de los
ejemplos más citados recientemente para cuestionar los ineficaces e inútiles mecanismos
de control del clero católico, y la evidente corrupción y negligencia bajo el
pontificado de Juan Pablo II.
En 2021,
una investigación periodística del diario El País sacó a la luz múltiples
testimonios de exalumnos del Colegio Marista de Chamberí, de Madrid, quienes
afirmaron haber sido víctimas de abusos sexuales por parte del Gabaráin en la
década de 1970. Según estos testimonios, el comportamiento del sacerdote era un
"secreto a voces" en el colegio.
El punto
de mayor fricción respecto a Juan Pablo II es la cronología de los hechos. A
finales de 1978 Gabaráin fue “expulsado”, o trasladado discretamente, del
colegio de los Maristas tras las denuncias internas de los padres de las
víctimas. Pero en marzo de 1979, apenas unos meses después de su salida del
colegio envuelto en sospechas, Juan Pablo II le otorgó el título honorífico de
"Capellán de Su Santidad".
De
momento no existe prueba documental directa que demuestre que Juan Pablo II
conociera las acusaciones contra Gabaráin en 1979. Sin embargo, la controversia
se centra en que si el Vaticano hubiera realizado una mínima investigación
sobre él, antes de otorgarle un honor tan alto, habrían descubierto que acababa
de ser apartado de un centro educativo por conductas impropias. El hecho de que
fuera premiado justo después de ser "castigado" internamente se
interpreta como una enorme falla o una posible protección institucional.
Gabaráin
era un compositor muy influyente, cuyas canciones se cantaban en todas las
iglesias de habla hispana. Se piensa que su prestigio protegió su imagen ante
la jerarquía eclesiástica, impidiendo que las quejas de los padres de sus
víctimas llegaran a los niveles más altos o fueran tomadas en serio.
En 2021,
la congregación de los Hermanos Maristas, en España, reconoció que las acusaciones
eran creíbles y pidió perdón a las víctimas por no haber sabido protegerlas en
su momento. Por su lado la Archidiócesis de Madrid afirmó que no constaban
expedientes de abuso contra él en sus archivos históricos de esa época, lo que
sugiere que el caso se manejó de forma “interna y privada”, evitando que
llegara oficialmente al Vaticano.
El hecho
de que el "Papa Viajero" premiara a un abominable abusador pocos
meses después de sus crímenes, es visto hoy como un síntoma de una Iglesia que
priorizaba el prestigio de sus figuras públicas por encima de la protección de
los menores.
Por otro
lado, en el año 2002, Juan Pablo II canonizó a “San Juan Diego”, el supuesto vidente
de la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, este acto no estuvo exento de una enorme
controversia histórica que muchos hoy tachan de ser un gran fraude
historiográfico.
Recordemos
que el propio Monseñor Guillermo Schulenburg, quien fuera abad de la Basílica
de Guadalupe, por 33 años, afirmó abiertamente que Juan Diego era sólo un
símbolo y no un personaje real. Según su investigación, no existían pruebas
documentales contemporáneas a 1531 que avalaran su existencia.
Muchos
sugirieron que la “canonización” fue una estrategia para la Iglesia en México,
priorizando el fervor popular y el control institucional por encima del rigor
científico e histórico, sin olvidar los millones de pesos que dejan de
ganancias las peregrinaciones a su templo.
La
historia de Juan Pablo II es la de un hombre de una aparente fe inquebrantable
que, al mismo tiempo, operó bajo una lógica de supervivencia institucional.
Mientras su gran carisma “unificaba al mundo”, su administración permitió que
redes de corrupción se consolidaran en los pasillos de la Iglesia. Reconocer
estas sombras no es un ataque a la fe, sino un acto de justicia y honestidad hacia
quienes fueron silenciados por el peso de la institución.
No lo
podemos negar ni olvidar, Juan Pablo II pidió perdón por las graves atrocidades
cometidas por la Iglesia católica como el procesamiento y condena del
científico italiano Galileo Galilei, por los católicos implicados en la
trata de esclavos africanos, por todas las injusticias y degradaciones a las
mujeres y las violaciones a sus derechos, por la inactividad, silencio y
complicidad de los católicos en el Holocausto, por la participación de la
iglesia en la “caza de brujas” y las condenas injustas de la Inquisición, por
la participación de la Iglesia en las guerras religiosas europeas que surgieron
tras la Reforma Protestante, por todos los crímenes de guerras y excesos
ocurridos durante las Cruzadas, y en 2001 pidió disculpas por los abusos
sexuales cometidos por miembros de la Iglesia, pero no se les hizo justicia a todas
las víctimas.
Esperemos
que pronto se abran los archivos vaticanos de Juan Pablo II y al fin se sepa
toda la verdad de su pontificado, pero si algo nos ha enseñado la Iglesia
católica, es que sí le tienen mucho miedo a que se conozca toda su historia
real.
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