Es fascinante, y un poco aterrador, ver cómo la tecnología ha convertido ese instinto de mosca buscando basura en una fórmula sistemática. Si antes la telebasura dependía de quien encendiera la televisión, hoy el algoritmo sabe exactamente qué tipo de contenidos basura ofrecerte para que no puedas apartar la mirada.
Es verdaderamente
lamentable y preocupante constatar que el Teorema de las Moscas y la Basura se
cumpla a escala global. Hay una trampa en todo esto, es lo que algunos llaman
el “secuestro de la dopamina”, que
es cuando los algoritmos no están programados para mostrarte lo bueno y
de calidad, sino lo que genera una mayor retención
de la atención del público.
Cuando interactúas
con un contenido deplorable, ya sea por morbo o por indignación, tu cerebro
libera dopamina, la hormona del placer. El algoritmo interpreta ese segundo
extra que te detuviste a mirar como una señal de éxito. No distingue si estás
disfrutando o si estás horrorizado; solo detecta que estás ahí.
Se
ha demostrado que las emociones negativas, especialmente la ira y el desprecio, se propagan mucho más rápido que
las positivas, que es lo que pasó con
el fraude de los therians. El algoritmo te muestra contenido que refuerza
tus prejuicios o que te hace enfurecer contra "el otro bando", por
eso hay millones de personas consumiendo basura solo para poder criticarla en
los comentarios, lo cual, irónicamente, le da más visibilidad al contenido. Es
el banquete perfecto para las moscas, cuanto más huele, más atrae.
Los
algoritmos de recomendación de las redes sociales priorizan el consumo rápido,
en 20 segundos es imposible construir un argumento sólido, pero es muy fácil
humillar a alguien, soltar un dato falso impactante (clickbait),
o apelar al morbo visual.
Hay que
saber que el contenido de valor y calidad tiene un tiempo de digestión lento
porque necesita de reflexión, requiere un esfuerzo activo del usuario, pues se tiene
que pensar o analizar, pero su recompensa es que genera crecimiento
intelectual, lamentablemente tiene una viralidad limitada a ciertos nichos
mediáticos.
Por el otro lado, el contenido basura tiene un tiempo de digestión instantáneo pues busca la reacción visceral, el esfuerzo del usuario televidente es pasivo, pues sólo busca deslindar y observar, por lo que su gratificación es inmediata (por la dopamina), y su viralidad es masiva.
El algoritmo
utiliza la “prueba social” para validar la
basura. Si ves que un video tiene 10 millones de likes, tu cerebro
asume inconscientemente que "hay algo que ver ahí", aunque sea un
contenido vacío o degradante. Esto crea una espiral donde la masa atrae a más
masa, no por la calidad del banquete, sino por el volumen del zumbido.
Al final, el
algoritmo es el espejo de nuestros impulsos más bajos, amplificados por una
potencia de cálculo desmedida. Y así es porque los contenidos basuras atraen a
tantos usuarios moscas en los medios y las redes.
Recuerda, no porque
muchas moscas prefieran la basura, la basura deja de ser basura, ella sigue
siendo basura, y ellos siguen siendo moscas.
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