30 mayo 2026

La verdad del caso del ovni de General Terán



Dentro de la mitología ufológica norteña destaca un caso muy particular por todo lo que estuvo implicado en él, toda una conspiración se desató tras éste evento, nos referimos al caso del presunto ovni que se estrelló en General Terán, Nuevo León.

 

El suceso ocurrió el 7 febrero de 1967 en el ejido Las Anacuitas. Los habitantes del ejido reportaron haber visto una luz muy fuerte y brillante en el cielo, similar a una "bola de fuego", acompañada de un fuerte estruendo que hizo vibrar la tierra tras el impacto del objeto. Tras ser localizado en una huerta, se dice que el objeto fue trasladado a la alcandía de General Terán. Ahí estuvo expuesto durante varios días en la y luego resguardado en la comandancia de policía.

 

Alrededor del caso crecieron muchos mitos populares, entre ellos el supuesto origen extraterrestre del objeto que ahí se estrelló. Investigamos un poco, y preguntamos a un experto en la materia, José Jaime Herrera, Presidente de la Sociedad Astronómica de Quintana Roo, quien compartió con nosotros documentos y datos realmente insólitos.


Según la información proporcionada por el experto, el objeto recuperado pesaba unos 34 kg y tenía 63.5 cm de diámetro. Un equipo de búsqueda de Monterrey trajo el objeto el 20 de febrero. Se describió como una esfera de aluminio con dos orificios, cada uno de 1.9 cm de profundidad y roscado.

 

Secretario de General Terán con el objeto
 

El reporte del objeto señalaba que “Una costura soldada recorre toda la superficie”. Hay registro fotográfico de que el Secretario del Ayuntamiento de General Terán, Rubén Garza Rodríguez, tuvo en su poder el objeto encontrado en el ejido. Posteriormente el propio fiscal del estado de Nuevo León, Jesús Espinoza, se hizo cargo del aseguramiento y resguardo del objeto.

 

Herrera nos compartió que la descripción que figura en los reportes del objeto recuperado era claramente una esfera de titanio de presurización, todo indicaría que se trató de un tanque de hidracina, un combustible muy utilizado en naves espaciales de esa época. No es la primera vez que han caído estas esferas, hay bastante documentación de que han caído en varios lugares del mundo, donde han sido recuperadas.

 

A juzgar por su tamaño y masa, parecía pertenecer a la segunda etapa de un cohete Delta. El USSTRATCOM informó de que dicha etapa (1966-096B / 2515) reentró en la atmósfera el 9 de febrero de 1967 UTC. Eso fue dos días después del avistamiento de la reentrada, pero el análisis revela que es más probable que se desintegrara el 7 de febrero a la hora UTC, y que, si cayó cerca de la hora de los avistamientos desde General Terán, NL (16:30 UTC).

 


Finalmente, los restos fueron entregados a agentes del gobierno estadounidense, supuestamente de la NASA aunque posiblemente se trató de personal de la CIA o la milicia estadounidense, quienes se hicieron cargo del objeto recuperado y lo trasladaron a su territorio.  

 

Nos comentó José Jaime Herrera, que como en esos tiempos se vivía la época de la “Guerra Fría”, los informes oficiales estadounidenses, no eran del todo confiables en cuanto a fechas, lugares, y otros datos, por lo que en caso de estos incidentes críticos, ellos nunca reconocerían abiertamente sus fallas.

 

Para colmo, la chatarra espacial ha sido un problema más grande de lo que las propias agencias espaciales han querido reconocer del todo, al grado que muchos de los escombros y basura espacial que sigue flotando allá en el espacio o que ha caído a tierra, prefieren seguir manejándolo como “objetos desconocidos” antes que reconocer que es basura que a ellos mismos han generado con sus proyectos.

 

Al año se precipitan a tierra varias toneladas de basura espacial, afortunadamente, la gran mayoría de los casos sin causar daños a las personas, pero esta estadística podría romperse si no se llega a tener un auténtico control de todo lo que flota perdido en el espacio.

 

Caso resuelto. Ahí se las dejamos de tarea. 

 

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22 mayo 2026

La fe no tiene honor ni dignidad


La línea que divide el respeto a las personas del respeto a las ideas se ha vuelto malamente borrosa. Se ha creado la falsa idea de que las creencias religiosas, por el simple hecho de serlo, gozan de una inmunidad crítica que las sitúa por encima del escrutinio.

Pero gracias a un análisis riguroso, a la luz del conocimiento moderno, uno descubre que la fe sólo es un constructo social, un sistema de ideas que no exige respeto; quienes erróneamente lo exigen son las personas que las profesan.

Desde una perspectiva sociológica, las religiones son estructuras complejas de normas, símbolos y relatos diseñados para cohesionar y coaccionar grupos humanos. Al ser un simple constructo social, la fe está sujeta a la evolución, la crítica y, fundamentalmente, al rechazo. Por eso la libertad de culto.

Confundir el respeto al individuo con la obligación de reverenciar sus dogmas es un grave error que puede paralizar el avance del progreso. Las ideas no tienen sentimientos ni derechos; los ciudadanos sí. Por lo tanto, proteger una creencia de la crítica, o incluso de la burla, equivale a otorgar privilegios a un sistema de pensamiento sobre la libertad de conciencia de los demás.

Históricamente, los conceptos de blasfemia y herejía han sido utilizados perversamente como herramientas de control eclesiástico. No obstante, bajo la luz del derecho internacional actual, ambos conceptos deben ser entendidos, y defendidos, como ejercicios legítimos de derechos humanos.

La blasfemia es libertad de expresión. El derecho a criticar, satirizar o negar lo sagrado es esencial en una sociedad plural. Si el lenguaje “ofensivo” hacia una deidad fuera prohibido, el Estado estaría validando una verdad metafísica particular, rompiendo la neutralidad laica.

La Herejía es auténtica libertad de culto y de conciencia. El derecho a apartarse de la doctrina “oficial”, a interpretar la espiritualidad de forma distinta o a carecer de ella, es la base misma de la autonomía individual. La libertad de expresión no puede ser limitada para proteger los sentimientos religiosos de los creyentes. El desacuerdo no es una agresión, sino un derecho.

Siendo honestos y francos, si un dios necesita que alguien lo defienda a él y a sus creencias, eso pondría en evidencia de que no se trata de ningún dios, sino de un simple timo. La blasfemia y la herejía no ofenden por si mismas, sólo una fe débil (mente débil) es la que se “siente ofendida” ante la blasfemia y la herejía de los demás. No se puede ofender a las creencias porque las creencias no tienen honor ni dignidad.

El verdadero respeto en una democracia no consiste en el silencio ante la fe ajena, sino en la garantía de que nadie será perseguido por sus ideas personales. Todos debemos defender el derecho a creer en cualquier divinidad y el derecho a considerar a esa misma divinidad como una ficción. 

Respetar a la persona implica reconocer su derecho a tener sus creencias, pero no nos obliga a validar la veracidad o la "santidad" de estas. Una sociedad que penaliza la blasfemia o que exige "respeto" para los dogmas está condenada al oscurantismo y al estancamiento.

Los derechos humanos protegen al ser humano de carne y hueso; las ideas, por el contrario, deben sobrevivir por su propia fuerza basada en argumentos en el mundo libre del intelecto, expuestas siempre al análisis a la luz del conocimiento racional, y al aire purificador de la crítica.

Eso es lo justo y lo correcto.

 

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21 mayo 2026

Ovnis de paja y humo


La liberación de 162 “archivos secretos de ovnis” por parte del gobierno estadounidense no aportó nada realmente relevante, sólo aportó más paja para hacer más humo para distraer a la gente.

¿Hay archivos desclasificados con naves extraterrestres? La respuesta corta es que, hasta el día de hoy, no existe ningún documento oficial desclasificado que confirme de forma definitiva el origen extraterrestre de algún ovni, ahora llamados UAP (Unidentified Anomalous Phenomena) o Fenómenos Anómalos No Identificados.

Sin embargo, la situación es algo compleja porque el lenguaje utilizado por el gobierno estadounidense ha pasado de la negación absoluta a una mediocre "ambigüedad técnica". 

Aunque los informes oficiales de agencias como la All-domain Anomaly Resolution Office (AARO) concluyen que la gran mayoría de los casos tienen explicaciones convencionales como globos, drones y errores de sensor, para algunos “investigadores” o “especialistas” existen indicios indirectos en los testimonios y ciertos archivos.

Algunos de esos videos muestran presuntos objetos extraños que vuelan alcanzando velocidades hipersónicas sin medios de propulsión visibles ni superficies de control como alas, lo que ha generado más especulación que información.

Recordemos que en el 2023 el exoficial de inteligencia David Grusch afirmó que el gobierno posee "restos biológicos no humanos" y naves intactas. Aunque él dijo haber visto documentos, supuestamente estos archivos específicos no han sido liberados al público general por ser considerados de “seguridad nacional”. 

Y sí, se han liberado nuevos expedientes, pero el Departamento de Defensa mantiene que, si bien son "anómalos", no hay prueba científica de que sean alienígenas.

¿Es una cortina de humo? Todo da a entender de que sí lo es. Esta es una de las críticas más comunes tanto de periodistas, escépticos y analistas políticos. Muchos señalan que el gobierno estadounidense utiliza la desclasificación de los presuntos ovnis para desviar la atención de su terrible crisis social causada por las drogas y armas, sus graves problemas económicos, y sus fracasos en las relaciones y conflictos internacionales con otras potencias mundiales.

Algunos sugieren que exagerar la supuesta "amenaza" que representan los ovnis es una estrategia para que el Congreso apruebe mayores presupuestos para defensa y vigilancia espacial, pues existe la enorme posibilidad de que muchos de estos objetos en realidad sean pruebas de prototipos de tecnología estadounidense, o incluso de rivales económicos como China o Rusia, que el gobierno prefiere etiquetar como "desconocidos" o “no identificados” antes que admitir la existencia de tecnología extranjera mucho más avanzada que la de ellos.

No lo podemos negar, los documentos muestran que el fenómeno ovni sí es real y físico, pero el salto de "objetos voladores no identificado" a "naves extraterrestres" sigue siendo un enorme abismo que ni el gobierno estadounidense, ni los supuestos investigadores ufólogos, ha llenado con pruebas contundentes.

La Paradoja de Fermi, la que señala la evidente contradicción entre la supuesta “alta probabilidad” de existencia de civilizaciones extraterrestres en el universo, y la enorme falta de evidencia de su existencia, es la que sigue dominando el discurso.

Ahí se las dejo de tarea.

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20 mayo 2026

Tercera Edad: Víctimas de la desinformación


En las redes sociales, donde la verdad compite en desventaja contra el algoritmo del contenido basura, ha surgido un grupo demográfico especialmente vulnerable, son nuestros adultos mayores. Lo que comenzó como una herramienta para reconectar con la familia se ha convertido en un campo minado de noticias falsas y teorías conspirativas. 

Comparten campañas comerciales de desinformación sobre colgantes o pegatinas que, supuestamente, los protege de la “radiación de los celulares” o de las antenas de telefonía 5G y 6G, o que los protegen de virus que vuelan en el aire, y demás timos pseudocientíficos que sólo son para quitarles su dinero.    

Se ha descubierto que lo usuarios de Facebook, mayores de 65 años, comparten siete veces más artículos de portales de noticias falsas que los jóvenes de entre 18 y 29 años. Eso no es casualidad.

Este fenómeno no responde a falta de inteligencia, sino a una alfabetización digital algo tardía. Muchos adultos mayores no desarrollaron una "pericia digital" y carecen de esa “malicia” necesaria para identificar portales sospechosos, los montajes fotográficos o el sesgo de fuentes que usan información no verificada.

Recordemos que el algoritmo premia la interacción, para una persona mayor que vive sola, un mensaje de la red X (Twitter) o una publicación de Facebook con una supuesta alerta médica o una noticia política impactante se convierte en tema central para iniciar una conversación. Y lamentablemente, con la edad, la capacidad de detectar el engaño en los medios de comunicación puede disminuir, mientras que la confianza en figuras que parecen con "autoridad" o "serias" tiende a mantenerse intacta.

Tenemos que saber que la desinformación no es inocua, tiene consecuencias tangibles en la salud pública y la estabilidad democrática. Se considera que el consumo de noticias a través de redes sociales en adultos mayores ha crecido considerablemente en la última década, superando en algunos países a la televisión tradicional como fuente primaria de "información rápida".

El problema es el sistema, las plataformas digitales están diseñadas para la retención del usuario, no para la veracidad. Culpar a la abuela por compartir una supuesta cadena de oración que oculta un virus informático, o una mentira política, es ignorar la responsabilidad de las empresas informáticas.

Hacen falta muchas más campañas de alfabetización mediática dirigidas específicamente a la tercera edad para así reducir la propagación de desinformación. Enseñar conceptos básicos como revisar la fuente de información o buscar la noticia en algún buscador antes de compartir, es tan vital hoy como lo fue en su momento enseñar a leer y escribir.

La sociedad actual tiene una deuda pendiente con sus personas mayores en el ámbito digital. No basta con regalarles un smartphone para que vean fotos y videos de sus familiares; es imperativo proporcionarles el "manual de usuario" para navegar en redes sociales que a menudo parecen diseñadas para confundirlos.

La desinformación es un virus, y la educación mediática es la única vacuna efectiva para proteger la integridad de quienes más queremos y respetamos.

 

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09 mayo 2026

¿Sí a la muerte como arte y deporte?


La coherencia es la virtud más escasa en el mercado de las ideologías conservadoras. En el centro del debate público contemporáneo, surge una contradicción que desafía la lógica de la compasión: La coexistencia de una defensa férrea de la “vida humana”, manifestada en la oposición frontal al aborto y la eutanasia, con la promoción y defensa de espectáculos de tortura animal, como la tauromaquia y el ejercicio de la caza “deportiva”.

Esta postura, sostenida por sectores conservadores y de la “derecha política”, plantea una interrogante: ¿Es la vida un valor absoluto o un concepto maleable según la conveniencia ideológica?

Quienes se oponen al aborto y a la eutanasia suelen apelar a la idea de la "sacralidad de la vida". Bajo esa creencia, la existencia es un derecho inalienable que no debe ser interrumpido por la voluntad humana. Sin embargo, esa misma voz que clama por la protección del no nacido o del enfermo terminal, a menudo se torna silenciosa, o incluso festiva, cuando el escenario es una plaza de toros o el rancho cinegético.

La doble moral se evidencia en el momento en que el sufrimiento animal se convierte en entretenimiento. No se puede argumentar la defensa de la vida desde una base moral sólida si, simultáneamente, se valida el agasajo ante la agonía de un ser sintiente. Es un vil sofisma. Si el dolor y la muerte son tragedias en el quirófano, resulta contradictorio que sean "arte" o "deporte" en el ruedo o en el monte.

El refugio habitual para intentar defender esta contradicción es la patraña de la “tradición”. Ellos “argumentan” que la cacería es una actividad ancestral y que las corridas de toros son parte de la “identidad cultural”. No obstante, la historia nos ha enseñado que las costumbres no son sinónimo de justicia. Muchas prácticas que, a la luz del conocimiento, hoy consideramos barbáricas, como las masacres raciales, fueron en su momento “pilares culturales”.

El uso de la “tradición” como escudo para la violencia animal revela una jerarquía “moral” donde los intereses particulares son el único termómetro válido. Al defender la “vida humana” como principio, mientras se ignora la vida de un animal que sí sufre, se cae en una irracional falacia que derrumba el propio argumento de los provida.

Si la premisa es que la vida debe ser respetada porque el sufrimiento es intrínsecamente malo y la existencia es valiosa, entonces esa compasión debería ser expansiva a todo ser vivo, no restrictiva para unos. Una postura ética robusta no debería tener puntos ciegos.

Si la muerte asistida se considera contradictoria a ciertos dogmas porque "solo dios puede decidir", ¿con qué autoridad moral el cazador aprieta el gatillo por mero entretenimiento? La defensa de la “vida humana” pierde todo peso moral cuando se percibe como una postura política de lobby, y no como una auténtica convicción universal sobre el respeto a todos los seres vivos.

Mantener un pie en la defensa de la vida y el otro en la celebración de la muerte lúdica de animales no es solo una absoluta inconsistencia lógica; es una miopía moral. Si la eutanasia en animales se aplica por piedad, ¿por qué no aplicarla, por piedad, en pacientes terminales que están sufriendo?  

La integridad de un sistema de valores se mide por su capacidad de aplicarse incluso cuando no es cómodo o “tradicional”. Mientras se siga aplaudiendo la estocada final en una plaza, el discurso sobre la "protección de la vida humana" seguirá sonando como una vil patraña.

 

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