05 enero 2026

Un cáncer maligno: Conservadores de ultraderecha



El análisis de la ultraderecha a nivel internacional revela un muy serio problema para la sociedad. Si bien los discursos de estos grupos están marcados por el “nacionalismo”, la “soberanía”, falsos “valores tradicionales”, un profundo rechazo al "globalismo", la diversidad y las instituciones multilaterales, parece que existe un esfuerzo articulado y transnacional para influir en la política mundial.

No se trata de una búsqueda directa de imponer un "gobierno mundial" en el sentido clásico de una dictadura internacional, sino de una estrategia para deslegitimar el orden global existente y promover una agenda ideológica homogénea unilateral que favorezca sus ideologías oscurantistas, conservadoras y autoritarias.

Varios estudios, documentos y publicaciones periodísticas, dignas de análisis académico y político, señalan que la ultraderecha ve el sistema de gobernanza actual, compuesto por organismos internacionales como la ONU, la Unión Europea o la Organización Mundial del Comercio, como una amenaza existencial para sus ideologías.

El discurso de la ultraderecha revelan un profundo desprecio por un sistema multilateral y sus valores fundamentales. Esta postura se traduce en la oposición a acuerdos internacionales y busca el debilitamiento de organizaciones supranacionales. De hecho, ciertos grupos político-religiosos (conservadores de ultraderecha) sólo utilizan a la democracia y la libertad de expresión cuando les es favorable, cuando no, buscan coartarla.  

Grupos político-religiosos conservadores, tanto en México como en Estados Unidos, España, Argentina y Chile, han generado una oposición a la Agenda 2030, la Agenda de Desarrollo Sostenible de la ONU, que es un pilar para el avance de la sociedad moderna, pero ellos la ven como un “complot” para erosionar su “soberanía” y sus “valores tradicionales”. Este rechazo se extiende a las políticas climáticas globales y a los marcos de derechos humanos universales.

Según los oscurantistas conservadores el sistema multilateral, asociado a la promoción de la democracia liberal, el feminismo, el ecologismo y los derechos de las minorías, lo perciben como el vehículo de una "ideología impuesta a la fuerza" que según ellos debe ser combatida. Mayor patraña no hay, pues recordemos que la democracia liberal es el sistema político que combina la soberanía popular (democracia) con la protección de los derechos individuales y las libertades civiles (liberalismo), estableciendo un gobierno limitado por la ley (Estado de Derecho) y la separación de poderes, donde el poder reside en representantes elegidos por sufragio universal, pero sujeto a una Constitución y a derechos inalienables que protegen a las minorías de la "tiranía de la mayoría". 

Paradójicamente, la ultraderecha, a pesar de su retórica nacionalista, ha desarrollado una sofisticada red de colaboración transnacional para ejercer su influencia a escala global. El modelo usado por varios grupos político-empresariales se ha exportado y replicado globalmente, creando redes transnacionales que promueven ideologías capitalistas, imperialistas y conservadoras de ultraderecha.  

Estas organizaciones trabajan conjuntamente con influencers y “líderes de opinión”, a menudo con una evidente opacidad en su financiamiento, y hacen coincidir sus agendas para así desarrollar acciones conjuntas con impacto internacional. Su misión es influir en las políticas públicas internacionales y en la toma de decisiones en el ámbito global.

La ultraderecha utiliza activamente las plataformas digitales para socavar la calidad del debate público, promover percepciones erróneas, fomentar una mayor hostilidad y erosionar la confianza en la democracia, el periodismo y las instituciones. Esta guerra desinformativa se dirige a deslegitimar la estabilidad político y económico actual. Utilizan bulos, posverdad y desinformación encaminada a favorecer su agenda de trabajo.

De hecho, el concepto de "Nuevo Orden Mundial" tal como lo manejan ciertos sectores de la ultraderecha está profundamente entrelazado con las teorías de la conspiración y la desinformación creadas por ellos mismos.

Estas narrativas basadas en charlatanería conspiranoica, postulan la existencia de una "fuerza secreta que opera en la oscuridad", compuesta por supuestos “lobbys”, logias y organizaciones secretas, que (según dicen ellos) buscan eliminar las barreras nacionales e imponer un "único orden mundial" bajo la bandera de la globalización.

La creencia en estas conspiraciones, según varios estudios, tiene una correlación directa con una deficiencia intelectual (carencia de inteligencia) en la ultraderecha. La idea del “globalismo como enemigo” es vista por analistas como una nueva reformulación de antiguos complots de tiempos de la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Todo apuntaría a que ciertos grupos de poder conservadores de ultraderecha están trabajando para imponer sus ideologías, cueste lo que cueste, y pésele a quien le pese, pasando por encima de los derechos humanos y las libertades individuales que todos debemos de tener. Para ello es común que utilicen slogans como “Dios patria y familia”, frase del tirano Benito Mussolini, como si ellos fueran los “buenos”, aunque la historia nos recuerda que en realidad sólo los pro-tiranos usan ese tipo de frases.  

La ultraderecha,a pesar de ser una minoría. sí está involucrada en una estrategia transnacional coordinada con un impacto global significativo. Y es, en esencia, una batalla por la hegemonía ideológica y la redefinición del orden mundial. Es un imperialismo disimulado disfrazado de “defensa de valores” pero que en realidad busca imponer cadenas sociales surgidas de lo más oscuro del pensamiento y la ignorancia.

La auténtica batalla cultural es en contra del oscurantismo que quieren instaurar esos grupos conservadores, que están dispuestos a aplastar a tus seres queridos por defender sus “valores” basados en falsedades. 

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