El análisis de la ultraderecha a nivel internacional revela un muy serio problema para la sociedad. Si bien los discursos de estos grupos están marcados por el “nacionalismo”, la “soberanía”, falsos “valores tradicionales”, un profundo rechazo al "globalismo", la diversidad y las instituciones multilaterales, parece que existe un esfuerzo articulado y transnacional para influir en la política mundial.
No se trata de una búsqueda directa de imponer un "gobierno
mundial" en el sentido clásico de una dictadura internacional, sino de una
estrategia para deslegitimar el orden global existente y promover una agenda
ideológica homogénea unilateral que favorezca sus ideologías oscurantistas, conservadoras
y autoritarias.
Varios estudios, documentos y publicaciones periodísticas, dignas de
análisis académico y político, señalan que la ultraderecha ve el sistema de gobernanza
actual, compuesto por organismos internacionales como la ONU, la Unión Europea
o la Organización Mundial del Comercio, como una amenaza existencial para sus
ideologías.
El discurso de la ultraderecha revelan un profundo desprecio por un
sistema multilateral y sus valores fundamentales. Esta postura se traduce en la
oposición a acuerdos internacionales y busca el debilitamiento de
organizaciones supranacionales. De hecho, ciertos grupos político-religiosos
(conservadores de ultraderecha) sólo utilizan a la democracia y la libertad de
expresión cuando les es favorable, cuando no, buscan coartarla.
Grupos político-religiosos conservadores, tanto en México como en
Estados Unidos, España, Argentina y Chile, han generado una oposición a la
Agenda 2030, la Agenda de Desarrollo Sostenible de la ONU, que es un pilar para
el avance de la sociedad moderna, pero ellos la ven como un “complot” para
erosionar su “soberanía” y sus “valores tradicionales”. Este rechazo se
extiende a las políticas climáticas globales y a los marcos de derechos humanos
universales.
Según los oscurantistas conservadores el sistema multilateral, asociado
a la promoción de la democracia liberal, el feminismo, el ecologismo y los
derechos de las minorías, lo perciben como el vehículo de una "ideología impuesta
a la fuerza" que según ellos debe ser combatida. Mayor patraña no hay,
pues recordemos que la democracia liberal es el sistema político que combina la
soberanía popular (democracia) con la protección de los derechos individuales y
las libertades civiles (liberalismo), estableciendo un gobierno limitado por la
ley (Estado de Derecho) y la separación de poderes, donde el poder reside en
representantes elegidos por sufragio universal, pero sujeto a una Constitución
y a derechos inalienables que protegen a las minorías de la "tiranía de la
mayoría".
Paradójicamente, la ultraderecha, a pesar de su retórica nacionalista,
ha desarrollado una sofisticada red de colaboración transnacional para ejercer
su influencia a escala global. El modelo usado por varios grupos
político-empresariales se ha exportado y replicado globalmente, creando redes
transnacionales que promueven ideologías capitalistas, imperialistas y
conservadoras de ultraderecha.
Estas organizaciones trabajan conjuntamente con influencers y “líderes
de opinión”, a menudo con una evidente opacidad en su financiamiento, y hacen
coincidir sus agendas para así desarrollar acciones conjuntas con impacto
internacional. Su misión es influir en las políticas públicas internacionales y
en la toma de decisiones en el ámbito global.
La ultraderecha utiliza activamente las plataformas digitales para socavar
la calidad del debate público, promover percepciones erróneas, fomentar una
mayor hostilidad y erosionar la confianza en la democracia, el periodismo y las
instituciones. Esta guerra desinformativa se dirige a deslegitimar la
estabilidad político y económico actual. Utilizan bulos, posverdad y
desinformación encaminada a favorecer su agenda de trabajo.
De hecho, el concepto de "Nuevo Orden Mundial" tal como lo
manejan ciertos sectores de la ultraderecha está profundamente entrelazado con
las teorías de la conspiración y la desinformación creadas por ellos mismos.
Estas narrativas basadas en charlatanería conspiranoica, postulan la
existencia de una "fuerza secreta que opera en la oscuridad",
compuesta por supuestos “lobbys”, logias y organizaciones secretas, que (según
dicen ellos) buscan eliminar las barreras nacionales e imponer un "único
orden mundial" bajo la bandera de la globalización.
La creencia en estas conspiraciones, según varios estudios, tiene una
correlación directa con una deficiencia intelectual (carencia de inteligencia)
en la ultraderecha. La idea del “globalismo como enemigo” es vista por
analistas como una nueva reformulación de antiguos complots de tiempos de la
Primera y Segunda Guerra Mundial.
Todo apuntaría a que ciertos grupos de poder conservadores de ultraderecha
están trabajando para imponer sus ideologías, cueste lo que cueste, y pésele a
quien le pese, pasando por encima de los derechos humanos y las libertades
individuales que todos debemos de tener. Para ello es común que utilicen
slogans como “Dios patria y familia”, frase del tirano Benito Mussolini, como
si ellos fueran los “buenos”, aunque la historia nos recuerda que en realidad
sólo los pro-tiranos usan ese tipo de frases.
La ultraderecha,a pesar de ser una minoría. sí está involucrada en una estrategia transnacional
coordinada con un impacto global significativo. Y es, en esencia, una batalla
por la hegemonía ideológica y la redefinición del orden mundial. Es un
imperialismo disimulado disfrazado de “defensa de valores” pero que en realidad
busca imponer cadenas sociales surgidas de lo más oscuro del pensamiento y la
ignorancia.
La auténtica batalla cultural es en contra del oscurantismo que quieren
instaurar esos grupos conservadores, que están dispuestos a aplastar a tus
seres queridos por defender sus “valores” basados en falsedades.
https://www.facebook.com/BelduqueOriginal/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario