07 enero 2019

El error de los influencers y los vloggers


Estamos en la era de los personajes artificiales y sintéticos que inundan las redes sociales, gente que sin ninguna trayectoria o conocimiento especializado en algún tema específico se lanzan a las distintas plataformas virtuales buscando ser escuchados por individuos que buscan gente que diga cosas que les guste, aunque estas no sean ciertas.

Lamentablemente en esta primera mitad del siglo XXI la humanidad, especialmente los jóvenes y adolescentes, están viviendo una involución cultural e intelectual. Por poner un ejemplo, apoyan a líderes políticos corruptos, ignorantes e incultos, que buscan censurar a quien opine distinto a ellos o a líderes “espirituales” que nunca han practicado lo que predican.

Sin olvidar los que pagan por tener seguidores con cuentas falsas, en el 2010 se sabía muy bien de algunos conductores de televisión sacados de la manga pagaban unos US$100 a algunas cuentas y en automático les aparecían 10,000 seguidores en sus perfiles de redes sociales. ¿Hoy en día seguirá esto vigente o la cosa estará peor?

Pero ¿cuál es el problema? La calidad del contenido que esos influencers o vloggers es netamente basura en la gran mayoría de las veces, solo algunos cuantos sí generan material de calidad, pero son los mínimos. Si tenemos engendros que promueven en las redes que la Tierra es plana, que los alimentos transgénicos o las vacunas son malas, ¿qué puedes esperar de la calidad humana de tales esperpentos?

Tenemos pseudo-gurús que hablan de falsas levitaciones con energía kundalini, dietas solares, extraterrestres en nuestro planeta o de ángeles entre nosotros. Pero si les cuestionan sobre la veracidad o se les llega a pedir evidencias constatables de lo que dicen, lanzan a sus huestes de siervos, algunos bajo paga, para que ataquen a quien se atrevió a dudar de su palabra.

Si lo que producen en basura, solo alimentan a simples moscas, y entre más basura produscan, más moscas existirán en el mundo, que seguirán pidiendo más basura para ellas. Esa es la cruda realidad de estos personajes artificiales y sintéticos de las redes sociales, hechos al vapor.

Un dato curioso al respecto, en México se les decía periodistas “chayoteros” a los que estaban a favor del gobierno en el anterior régimen político (muchos de los cuales no eran muy estimados ni dentro de la misma comunidad periodística), pero ahora estos mismos son los que critican al nuevo régimen, por cometer los mismos errores que los gobiernos anteriores. Ahora sí hacen buen periodismo de análisis y crítica al estado. Curiosos giros de la vida política de un país.

Hoy en día tenemos varias plataformas de video por internet en donde los influencers y vloggers hacen de las suyas sin un orden o calidad mínima, publicando desde nimiedades como hablar de su ropa o zapatos, hasta ponerse a opinar sobre arte y cinematografía u otros temas de los cuales no saben realmente nada, solo creen saber. El ir a ver 10 o 20 películas de ciencia ficción en un par de años no te hace un experto en ciencia ficción, ¿sabrán eso?

Les interesa que son las cosas, pero no les interesa el cómo o por qué son así las cosas, ese es su principal error, no estudian ni se preparan en los temas de lo que quieren hablar, solo quieren hablar para sentir se atendidos y escuchados por miles de gente solitaria y anónima, sin rostro, que solo son un simple número en el padrón electoral.

Hoy los jóvenes siguen a los incultos e ignorantes por ser bonitos, por decir lo que a ellos les gusta escuchar, por que no les hablan con la cruda realidad y les hacen olvidar por un momento lo miserable de sus vidas. Pero al acabarse la transmisión su vida miserable vuelve a ellos.

El problema es que buscan el placer que les haga olvidar, no quieren saber de la realidad del mundo, y por eso es que estamos perdiendo al mundo.

Ahí se los dejo de tarea.

http://twitter.com/belduque
https://www.facebook.com/BelduqueOriginal/

2 comentarios:

Héctor Chavarría dijo...

POR COMPLETO DE ACUERDO, SON LA PLAGA DE NUESTROS DÍAS... LIVE LONG AND PROSPER.

César Buenrostro dijo...

Es un análisis profundo de lo que consume nuestra sociedad en las plataformas no lo que sirve si no lo que me gusta.Buen día Belduque.